Escenas In-comodas en las escuelas, pantallas, redes y celulares.

Escenas In-comodas en las escuelas, pantallas, redes y celulares.

Ningún docente puede desconocer la incomodidad del uso de los celulares que generan dispersión y falta de concentración en el aula.
La respuesta a esta situación cotidiana no es prohibir los celulares, sino profundizar el porqué se produce este fenómeno, que es lo que está sucediendo? Ustedes se han aventurado a alguna explicación?
Como dijera mi abuelo con su sapiencia de la vida, “ todo ocurre por algo”.
Paula Sibila, la escritora de “Redes y Paredes” nos explica lo que sucede en las escuelas en estos días y nos introduce en lo que subyace detrás de estas escenas cotidianas en las clases.
Paula nos dice que las paredes del aula han dejado de tener solidez, al dejarse atravesar por las redes de comunicación e información que nos abren una ventana al mundo para evadirnos de lo que esta ocurriendo. Los chicos que están más arraigados a este aparataje digital, tienen otros modos de relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo. Estos modos resultan cada vez más incompatibles con el dispositivo escolar. Aunque la diferencia entre generaciones se está achicando, es increíble como nos estamos adaptando a esta modalidad tanto los jóvenes, los adultos, los profesores, los padres y hasta los abuelos. Pero los chicos suelen tener otra valoración moral de esta dispersión, no se sientes “culpables” por no prestar atención, para ellos es dispersión esta lejos de estar mal, se lo permiten y lo usan como vía de escape del aburrimiento, aunque la clase no sea aburrida y aunque no  esté garantizado que no se aburrirán en Internet. Con permiso o sin permiso los alumnos usan los aparatos para tomar nota, consultan datos, se mandan mensajitos entre si o con gente fuera del aula, divulgan en las redes sociales algo que está pasando en el aula, etcétera.  Aunque ya no nos resulte tan extraño, este conflicto creció: todo demuestra que las paredes escolares han perdido eficacia.
Si pensamos en todas las energias que hay que mover para que pase algo en el aula, es desalentador. ¿ Y que seria que pase algo?  Que paso algo es que se de una situación de aprendizaje. El aprender es una de las experiencias más fascinantes que nos puede ocurrir, sin  embargo está desprestigiado y la escuela tendría que hacerse cargo de este problema. Hay un aburrimiento generalizado que afecta tanto a los chicos como a los adultos, incluso a los docentes. Entonces se vuelve al consenso común: “qué aburrida la escuela”, “que aburrido aprender”. Pero se confunden los tantos, una cosa es que sea aburrida la escuela y otro que sea aburrido aprender. Aprender en el sentido de que se  abran perspectivas que te permitan ver cosas que antes no habias visto, o verlas de otra forma que  redefina el horizonte y amplian las posibilidades de actuar en el mundo, es lo mejor que nos puede pasar.
Las paredes de la escuela ya no ejercen su clásica función de lograr concentración por confinamiento y disciplina. Pero antes en los siglos XIX y XX cuándo las paredes eran firmes y había disciplinamiento, el tipo de aprendizaje que ocurría , tal vez no era el más interesante o el que nos gustaría ahora. Lo que pasaba era descripto como “transmisión del saber”, todo esto podía ser más o menos útil pero en definitiva se trataba de “transmitir contenidos”. En este sentido es comparable a la información que hoy se encuentra en Internet. No es que sea lo mismo, pero tanto en un caso como el otro no está garantizado el pensamiento, ese tipo de enseñanza no equivale al tipo de aprendizaje que estamos tratando de buscar en el que el diálogo con el otro y con los otros es fundamental.
La educación escolar tradicional buscaba el hábito de la introspección la concentración, sobre todo a través de la lectura y la escritura, se propiciaba asi un tipo de subjetividad dotada en la capacidad de concentrarse en silencio y soledad a través de la rigidez disciplinaria y la estructura jerárquica de saberes. Ahora ocurre otra cosa, no estamos más oprimidos, sino aburridos y ansiosos por el exceso de distracciones. Podria pensarse que los chicos y los docentes deberían tener ganas de que “pase algo”, sin embargo esas ganas están ausentes e impera el tedio, y el celular es una especie de chupete al cuál todos nos agarramos para lograr la evasión.
Hay otra escena en las escuelas que es grabar peleas o situaciones y luego subirlas a You Tube, para ponerlas en la pantalla.
Qué implica esto en términos de construcción subjetiva? Es que la verdad es que hay tantas cámaras y pantallas porque algo cambió en la forma de construir nuestra subjetividad. La importancia de la imagen y de mostrase, de estar en contacto permanente con los otros y que nos vean, todo eso requiere de cámaras embutidas en dispositivos digitales,} necesarias para la construcción de subjetividades, asi como de sociabilidad contemporánea. En este sentido hay dos elementos fundamentales: la visibilidad y la conexión que estos dispositivos no solo permiten sino que también lo estimulan permanentemente.
Es decir se fue perdiendo la creencia de que existe una interioridad invisible, una escencia intangible que es mucho más importante que las apariencias. Estamos ante un desplazamiento sobre el cuál construimos lo que somos, nuestro yo, nuestra identidad se basa cada vez menos en la interioridad, invisible, misteriosa,  enigmática, y el eje de ese yo se va desplazando hacia lo que se ve, con esto nos referimos no sólo al aspecto físico del “ culto al cuerpo”, sino  al énfasis actual en el comportamiento visible, se supone que todo lo que decimos, soñamos y vivimos debe exponerse para que los demás lo puedan ver. Es algo como construirse como un personaje, algo que se ve en las relaciones interpersonales, cara a cara. Cada vez  más, se supone que somos eso que mostramos y que el otro puede ver. Por eso cómo sabemos de esta tendencia sentimos que hay que tener mucho cuidado con esa exposición, ya que la verdad no emana más desde el interior sino que es irradiada por la mirada ajena. Lo  que hacemos y los demás pueden ver es lo que somos. Esta claro que la mirada del otro siempre fue importante en la constitución de la subjetividad, incluso es una premisa antropológica, somos humanos porque existen los demás y nos construimos en ese contacto. Pero acá nos referimos a otro plano. No a la universalidad de lo humano sino a las presiones y tendencias culturales. Ya no vivimos más en la interioridad del Siglo XIX. En nuestra cultura audiovisual altamente mediatizada y atravesada por la lógica empresarial, el eje se ha desplazado a la conexión y a la visibilidad. Ahora cuando alguien te da un “me gusta” o te desprecia, tiene un peso muy grande en términos de “verdad.” Y hay que estar muy equilibrado para sostener ese rechazo.
Esto se puede comprobar en síntomas contemporáneos de subjetividades que se desploman, que no logran sostenerse, el pánico, la ansiedad y la depresión. Todo parece contradictorio en una cultura que enaltece el goce, la satisfacción y la diversión. Sin embargo hay más depresión que nunca, es paradójico parece que nunca estuvimos tan aburridos e insatisfechos como ahora.
Aparecen lenguajes  en los jóvenes “ no”, “nada” “todo bien”, y se produce todo un desafio en los adultos para el acompañamiento dentro de la escuela ¿ cómo hacer con estos “todo bien” o la “nada”, como modos totalizadores?.
Por eso es que existe una incompatibilidad muy grande entre la institución moderna y la subjetividad contemporánea que tal vez no se pueda solucionar con meros ajustes, hoy no se respetan las jerarquías ni la palabra del profesor ni por su posición jerárquica o de saber. Cabe destacar que no son sólo los chicos los que ponen esto en cuestión, sino también los padres y familiares, e incluso los mismos profesores y las autoridades escolares y estatales. No hay un replanteo de fondo sobre el sentido del aparato escolar en la sociedad contemporánea.
No olvidemos que los docentes también encarnan y están afectados por todo lo que comentamos, de modo que para ellos tampoco esta claro que la situación escolar tradicional conserve su sentido.
¿Es una escena sin sentido? El chico que no le encuentra sentido a la escuela puede decidir que no va  o va “ disperso”  pero el profesor ¿ qué hace?
Descarga esa insatisfacción de diversas formas, algunas más sanas y provechosas que otras…

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