¿Porqué distinguir entre limite y sanción?

Del libro: Violencia: Cómo construir autoridad en una escuela inclusiva: Libro premiado como mejor obra teórica en Educación por La Feria del Libro 2014. 

Lic Mara Brawer:  Autora de la Ley Nacional 26.892 para la Promoción de la convivencia y abordaje de la conflictividad en las instituciones educativas.Fue Subsecretaria de Educación en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, entre el 2006 y el 2007, y Subsecretaria de Equidad y Calidad Educativa, Ministerio de Educación de la Nación, 2009-2011.

Lic Marina Lerner: Es Licenciada en Psicología, profesora de Lengua y Literatura. Tiene un posgrado en psicoanálisis. Es especialista en convivencia escolar .Fue miembro del Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas del Ministerio de Educación de Nación

En el ámbito escolar, pero sobre todo en el espacio del lenguaje más coloquial – en cuyo trazado influyen muchos los medios de comunicación- , los términos “limite”, “sanción” y “expulsión” suelen ser empleados como si fueran sinónimos. La importancia de distinguir entre los significados de estos tres conceptos radica en que las intervenciones que hagamos en una escuela ante una situación de conflicto o en la que se ha registrado violencia, asi como sus consecuencias en el proceso de inclusión, dependerán del armado conceptual que tengamos de cada uno de ellos. A continuación vamos a centrarnos en los dos primeros conceptos, límite y sanción, y más adelante los pondremos en relación con la expulsión.

En primer lugar, para volver potente el acto educativo, es necesario que sigamos recortando el sentido de la palabra límite, ya que este no es equivalente a una sanción, sino que es un concepto mucho más amplio que, en realidad, la contiene. La sanción es la parte punitiva del límite, es una acción que debería reparar el daño causado por quien transgedió; por eso la transgresión debe contextualizarse y la sanción debe evaluarse teniendo en cuenta qué provocó la transgresión. Un alumno de 3er año contaba que él le había pegado a un compañero en septiembre, después de que este último, durante todo el año, no había dejado de decirle “negro africano”. En este ejemplo, como en otros casos, es importante descubrir el contexto en el que se transgrede, ya que esa información nos puede orientar sobre cómo trabajar los episodios de conflicto o violencia que se van sucediendo. En este sentido, es imprescindible reflexionar, no actuar precipitadamente y evitar transmitir – en el intento de solucionar el conflicto- un espíritu de impunidad e injusticia. Muchas veces, una intervención desacertada puede generar incluso más violencia.

La ley Nacional 26.892 de Convivencia Escolar y Abordaje de la Conflictividad en Escuelas de Argentina en su art 2 inc g) establece La contextualización de las transgresiones en las circunstancias en que acontecen, según las perspectivas de los actores, los antecedentes previos y otros factores que inciden en las mismas, manteniendo la igualdad ante la ley.

Una vez cometida la transgresión, se debe evaluar qué tipo de sanción se aplicará. Pero es muy importante subrayar que lo que se transgrede es una “ legalidad” y que la sanción es la consecuencia. No podemos hablar de transgresión cuándo no hay transmisión de la “ legalidad” en una institución escolar. Por eso creemos que es imprescindible insistir en los siguientes aspectos: Por un lado, la sanción educativa está en relación con la transgresión de la legalidad, que sostiene a la comunidad educativa de una escuela; por otro, para que la sanción no se convierta en mero castigo producto de la irritación de un adulto, es necesario que se estructure como parte de lo que hemos venido conceptualizar hasta aquí como “ construcción de límites”; es decir, debe tener un encuadre. La sanción dentro del sistema escolar siempre debe contener el espacio para la reflexión sostenido con la presencia del adulto, pero en el que el alumno pueda decir su propia versión.

El art 2 de la ley 26.892 de Convivencia establece: ) El respeto por las normas y la sanción de sus transgresiones como parte de la enseñanza socializadora de las instituciones educativas.
g) La contextualización de las transgresiones en las circunstancias en que acontecen, según las perspectivas de los actores, los antecedentes previos y otros factores que inciden en las mismas, manteniendo la igualdad ante la ley. h) El derecho del estudiante a ser escuchado y a formular su descargo ante situaciones de transgresión a las normas establecidas. i) La valoración primordial del sentido formativo de las eventuales sanciones o llamados de atención

Veamos este ejemplo:

El jarrón roto

Liliana, una asesora pedagógica de una escuela, contaba que José, una alumno de primer año, se ponía muy violento y agredía físicamente a algún compañero cada vez que algo lo frustraba. Preocupada por la situación, la preceptora conversó el tema con la rectora y la asesora pedagógica, quienes deciden hablar con el alumno y preguntarle qué le pasa. Después de momentos de silencio en los que el alumno sólo balbucea alguna palabra, por fin logra explicar que él no puede contener su ira y que se la agarra con el primero que se dirige a  él. Le proponen que, cuando esto le vuelva a suceder, haga el esfuerzo de salir de la escena, ir a ver a la asesora pedagógica y conversar con ella; y si la asesora no está, que se dirija a la conducción. José manifiesta que está de acuerdo con la propuesta; entonces las autoridades de la escuela llaman a los padres, conversan sobre lo sucedido y lo acordado con su hijo, y se deja asentado en un acta lo que se ha pactado ( esta escena constituye un encuadre , y se espera que, a partir de la incorporación por parte de José de estas nuevas pautas, se produzca una diferencia en su hacer dentro de la escuela).

Pasan unos 20 días y la profesora de matemáticas le entrega a José una prueba en la que él ha obtenido una nota baja. Esto lo pone muy mal , y al regresar a su banco y sentarse en su lugar, un compañero le pregunta qué le pasa; de inmediato, José le contesta mal y el compañero se enoja. Esto provoca en José mucha bronca; pero en ese momento suena el timbre del recreo, empiezan a salir todos los alumnos, José se apura, va hacia el pasillo y le pega un golpe a un florero que estaba sobre una mesa ubicada cerca de la oficina de la conducción. Una preceptora lo ve y se enoja con él, le dice que ya le habían hablado y que no cumplió el pacto; esto, a José, lo pone peor. Llega la asesora pedagógica le pide al alumno que la acompañe a su oficina y le pregunta qué pasó; el alumno cuenta que sintió que su compañero lo molestaba haciéndole preguntas, que no quiso pegarle y rompió el florero. Pero, además dice que sabe que estuvo mal. La asesora lo escucha y le dice:  Lo más importante es que pudiste cuidar a tu compañero; pero ahora vamos a seguir trabajando para que puedas controlar tu enojo sin pegar y sin romper nada”. La asesora evalúa conversar con la profesora de matemáticas y la tutora del curso para analizar si existe alguna dificultad en el proceso de aprendizaje de José; la frustración que le motivó la agresión la orienta a pensar en que algo del proceso de aprendizaje puede estar obstaculizado. La rectora considera que el hacer de la asesora está muy bien; pero, además, indica que el hecho de que José haya transgredido la norma que exige el cuidado de los bienes de la escuela hace que el alumno sea susceptible de una sanción.

Reflexión

¿ Qué fue lo que leyó la asesora pedagógica en la transgresión de José, que la preceptora no pudo leer, y que podría haber evitado que ella se enojara con él ? Liliana observa una diferencia cualitativa en la tramitación de la ira por parte del alumno, ya que considera que no es lo mismo dirigir la bronca hacia alguien que romper un objeto. Esta diferencia aparece después de la intervención de Liliana a partir de la reunión que ella y la rectora mantuvieron con José. Pero esto no implica que el acto de romper objetos este bien en esa escuela, sino que la diferencia que empezó a instalarse como efecto de la construcción del límite produjo un primer cambio positivo; la asesora le marca al alumno que hay que seguir trabajando para cambiar, y que están en un buen camino para seguir aprendiendo. Recordemos la secuencia conceptual que mencionábamos más arriba respecto a que el límite educativo siempre acota, hace marco de referencia e incluye –esta es su estructura- , y pensémosla en relación con este ejemplo: La rectora y la asesora hablan con José, lo escuchan y le marcan lo que no puede hacer. Luego lo orientan y le proponen que realice otro tipo de acción cuando se enoja; en este caso, la acción sugerida es ir a hablar con la asesora.

Después de la intervención de la asesora pedagógica José vuelve a sentir ira, pero sabe que no puede pegarle a un compañero ( se acoto) ; sin embargo, no llega a hablar con la asesora y rompe un florero. Todavía no puede producir con su ira otra cosa, como por ejemplo ponerlo en palabras, sino que la descarga rompiendo un objeto. Pero el cambio de haber golpeado a un compañero a romper un florero implica que pudo acotarse y dirigir su bronca hacia algo inanimado, no hacia una persona. Si leemos esta diferencia con atención, podríamos decir que José comienza a sentir responsabilidad frente al otro. ¿ Dónde está la inclusión del límite en la intervención?  A José se lo escucha, se le reconocen los progresos, se lo sanciona y se lo sigue orientando; pero, sobre todas las cuestiones, tanto la asesora como la rectora crean un vínculo de confianza con él, le marcan la importancia del progreso, le valoran su esfuerzo y lo siguen orientando en cómo seguir. Ambas se sienten comprometidas con que José pueda hacer su camino de inclusión, no sólo social sino también pedagógico; por esta razón – porque entienden que el estudiante se tiene que incluir dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje- se reúnen con la profesora de matemáticas. No obstante, si bien la rectora reconoce que se ha producido una diferencia positiva en José, considera que el alumno ha cometido una nueva transgresión y que hay que seguir trabajando con esto; por eso indica que se debe aplicar a José una sanción, acorde con esta transgresión y que le posibilite al alumno seguir haciendo su proceso de inclusión.

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