A juicio por robar un muñeco

Tal cómo lo planteamos en el artículo “ La judialización de las relaciones pedagógicas” , vemos en la actualidad que cualquier circunstancia que se dé  dentro o fuera de la escuela, ya sea en la relación  entre los alumnos, entre alumnos y maestros, entre padres, padres y maestros y/o la institución educativa tienden a judicializarse. La pregunta que  podemos hacernos es ¿ porqué los conflictos tienden a  judicializarse? Nos referimos a un tema sobre el que hay mucha experiencia en las escuelas de hoy en día, amenazas de juicios múltiples en todos los sectores escolares de la comunidad educativa, pero todavía existe poca reflexión al respecto, ¿porqué ocurren?¿ a qué responden?

En especial traemos hoy un caso  que ocurrió en el año 2004 en dónde la madre de uno de los alumnos de primer grado de la escuela Nicolás Avellaneda, en el centro porteño, denunció penalmente a uno de los compañeros de 5 años de su hijo por robarle un muñeco de 70 pesos, este hecho fue publicado en Página 12. (1)

PIDEN LA INDAGATORIA DE UN CHICO DE CINCO AÑOS

A juicio por robar un muñeco

La denuncia la presentó la madre de la “víctima”, una mujer policía. El juez inició una causa y el fiscal pidió la indagatoria

El proceso suena insólito. La madre de uno de los alumnos de primer grado de la escuela Nicolás Avellaneda, en el centro porteño, denunció penalmente a uno de los compañeros de su hijo por robarle un muñeco de 70 pesos. El chico acusado, que aún no ha cumplido los seis años, ahora deberá presentarse a una declaración indagatoria si el juez de menores que tiene en sus manos la causa, Enrique Velázquez, acepta el pedido de la Fiscalía. El vicedirector del colegio, Juan Carlos Rosas, se negó a declarar cuando se lo pidieron en la comisaría, pero tuvo que hacerlo más tarde, obligado por una solicitud del juzgado. La judicialización de la historia del muñeco robado ya originó una polémica entre quienes consideran el caso como un avasallamiento a las garantías de los derechos del menor y quienes observan en la indagatoria una justa defensa de sus derechos.
El dueño de la historia es un elegante Max Steel, uno de los famosos muñecos promovidos por las tiras infantiles de la tele. El último 18 de marzo, una de sus réplicas desapareció de manos de su dueño, un alumno de primer grado de la escuela de la calle Talcahuano 680. Una semana después, el 25 de marzo, la madre del chico se presentó en la comisaría 3ª dispuesta a presentar la denuncia.
De acuerdo con las declaraciones asentadas en el expediente, en esa ocasión la mujer dijo que su hijo llevó a la escuela “un muñeco articulado de nombre Max Steel, el cual fue un regalo de su padre, valuado en 70 pesos”. En la denuncia presentó además a una abuela materna, supuesta testigo de los tristes padecimientos de su hijo. La abuela lo encontró cuando lloraba “porque un compañero le había sacado el muñeco”. Pero la historia del supuesto ladrón de muñecos no terminaba ahí. Según la autora de la denuncia, el niño en cuestión extorsionaba a su hijo exigiéndole otro muñeco: la condición para que le devolviera “el Max Steel era que le diera a cambio otro muñeco suyo, Hulk, el famoso hombre verde”.
El caso fue divulgado ayer por la agencia de noticias Télam. La madre en cuestión, de la que no transcendieron sus datos, es una mujer policía. Trece días después de la denuncia en la comisaría, la causa por “hurto” pasó a manos del juez de menores Velázquez, que remitió inmediatamente una copia a la Fiscalía de menores de turno, a cargo de Ruoco Oliva. El 7 de abril, en la foja 9, el fiscal firmó un pedido de “declaración indagatoria” para el presunto autor. A partir del pedido, el acusado será sometido a un proceso judicial con acusación y defensa. La convocatoria para indagatoria a un menor, considerado inimputable para la ley, es el punto más controvertido de la historia (ver aparte).
El chico acusado cuenta con otro testimonio en contra, el de la maestra de primer grado: ella le aseguró a la madre denunciante que quien se había apoderado del Max Steel era el niño de cinco años.
En el frente opuesto se encuentra el relato de la madre del chico acusado. Consultada por Télam, la mujer aseguró que el muñeco jamás llegó a su casa. Recién conoció la situación cuando su hijo llegó asustado, a la vuelta de la escuela. El padre y la abuela del verdadero dueño del Max Steel “lo habían intimidado”. La amenaza fue tal, según el relato, que la mujer decidió cambiarlo de aula porque el chico no quería volver más a la escuela.
Además del enfrentamiento por el muñeco, los chicos tuvieron una serie de problemas durante los primeros días del año. Una nota del cuaderno de comunicaciones de la escuela asegura que el 10 de marzo, el dueño del Max Steel le había pegado una patada y dos cabezazos al chico ahora acusado. Pocos días después, el 22 de marzo, otra nota del cuaderno de comunicaciones ya adelantaba datos sobre el tráfico de muñecos: el supuesto ladrón se había llevado a su casa tres muñequitos de su compañero. Según su madre, ninguno de ellos era Max y todos fueron devueltos, datos que por lo pronto quedaron registrados nuevamente en el vapuleado cuaderno de comunicaciones. Las idas y vueltas de los cuadernos concluyeron con la denuncia formal en la comisaría, el 25 de marzo. Cinco días después, en el marco de un procedimiento insólito, el jefe de la comisaría 3ª, Vicente Carlino Currenti, dispuso vía telefónica, en nombre del juez, “aprobar lo actuado, solicitar al colegio la dirección del menor imputado, solicitar un informe ambiental del mismo y elevar las actuaciones”, según lo indica un acta policial firmada por el comisario. En esa ocasión, el vicedirector de la escuela se negó a darle los datos filiatorios a la comisaría. En un acta dejó una constancia con las razones y con una observación sobre los maltratos de los que fue objeto en la Oficina Judiciales de la seccional.
Siete días más tarde, el sumario policial llegó al juzgado de Velázquez y a la Fiscalía que pidió la indagatoria. Ya en esa instancia, el colegio quedó obligado a entregar todos los datos requeridos. Los padres del chico acusado tuvieron que entrevistarse con una asistente social del juzgado y le dieron curso al informe ambiental que terminó con resultados favorables: “No existen dificultades entre sus integrantes”, dice el documento, y agrega que se pudo observar “contención de parte de sus padres y entre sus hermanos”.

Situación traumática

¿Una indagatoria para un chico de cinco años? El caso del robo del muñeco desató una polémica entre especialistas en minoridad. Dos expertos consultados por Página/12 mantienen posturas absolutamente opuestas. Para uno, se trata de una instancia que les garantiza a los chicos un proceso genuino de defensa; para el otro, es una de las formas de criminalización de la niñez con situaciones que deberían resolverse con psicoterapias.
Uno de los consultados es Alejandro Molina, ex presidente del Consejo de Menores de Nación y actual defensor de Menores de la Cámara Civil. El otro, Gustavo Gallo, coordinador del área Legal y Técnica del Consejo de los Derechos del Niño de la Ciudad de Buenos Aires. Los dos coincidieron en que el niño denunciado es inimputable por su edad, pero tomaron distintas posturas sobre el fondo de la indagatoria.
Según Molina, la indagatoria no es una imputación. “No significa que el juez o el fiscal estén atribuyéndole al niño una responsabilidad. Más bien es un acto de defensa que tienen los acusados. Será delito si se trata de un adulto, pero si es un menor, es la expresión de un mal comportamiento”, dijo Molina a este diario. Según su criterio, la indagatoria le permite al juez recoger datos de tipo informativo.
Para Gallo, en cambio, la sola existencia de una indagatoria en esos términos es “una locura”. Advierte que para un chico de cinco años la indagatoria es “una situación traumática. Aunque no tiene consecuencias jurídicas, el chico puede quedar a disposición tutelar: el juez puede tomar cualquier medida, como nombrarle un asistente social por ejemplo”. Esa forma de judicialización, según Gallo, es peligrosa. “Lo que está mal –explica– es recibir la causa cuando debería trabajarse la situación desde el punto de vista terapéutico.”

Cómo bien señala el artículo es una situación insólita y traumática, sabemos que un niño de 5 años está un una etapa de desarrollo y está incorporando la ley y las normativas sociales. Por lo que nos preguntamos  que sucedió, o si hubo instancias previas en relación a la intervención de las autoridades de la escuela, si existió un diálogo entre los padres sobre lo ocurrido, en fin en este aspecto sólo podemos formular hipótesis.

Lo que si queremos resaltar es que la escuela puede prevenir este tipo de situaciones, para que existan reglas claras en cómo manejarse en estos supuestos.

Cómo dice Daniel Filmus (2)  Más allá de cómo finalizo esta situación, no es difÌcil imaginar las repercusiones y consecuencia negativas que tuvo dentro de la escuela y el arduo trabajo que lleva luego reconstruir y reparar las relaciones dañadas, remontar el malestar de chicos, maestros y directivos…

 Una escuela podría, frente a un hipotético caso similar (quizás no referido a un muñeco Max Steel pero si, por ejemplo, a walkmans o celulares) establecer un encuadre especÌfico para este tipo de situaciones y decidir que, en tanto no es un objeto requerido para el trabajo escolar, y de alto costo, se recomiende a los alumnos no llevarlo a la escuela ya que ésta no se hará responsable por lo que ocurra con él y que, por lo tanto, cualquier conflicto suscitado entre estudiantes a raÌz de objetos de este tipo no será derivado a mediación. Deberá  definir también, por supuesto, el procedimiento a seguir en estas situaciones.

Esta información específica, así como la más general referida a los tipos de conflictos para los cuales se ofrecerá· la mediación y cuáles no serán abordados en ese ·ámbito, debe difundirse junto con los propósitos y etapas para el desarrollo del proyecto a todos los miembros de la comunidad educativa, concluye el autor.

Nosotros no preguntamos si este conflicto no pudo haber sido objeto de mediación, debido a que en este caso el hecho podría considerarse delictivo si hubiera tenido lugar entre adultos, pero en este supuesto se trata de un niño de 5 años inimputable  y al que además  este hecho puede haberlo afectado  considerablemente al ser expuesto a declaración indagatoria ante un juez de menores. La pregunta que abrimos es si no podría haberse generado un diálogo entre los padres, ya sea con intervención o no de la escuela, para aclarar lo ocurrido, pensar porqué ocurrió, y reparar el hecho a través de la devolución del muñeco Max Steel, y de el debido pedido de disculpa del niño y de los padres,, también la madre del niño dueño del muñeco podriá haber reflexionado acerca de a qué obedecía la necesidad de su hijo de llevar este muñeco a la clase.

También es necesario saber, antes de ocurrir a la vía juidicial existe la Defensoria del Pueblo de la Ciudad  que es un organismo de protección y de defensa de los derechos y de promoción de los derechos. La defensoria, custodia el cumplimiento de la legislación vigente en la ciudad y la que rige a nivel nacional ya que son de cumplimento obligatorio. En la temática de la defensa de la infancia y la juventud hay una legislación muy protectora que es la ley 114 de la Ciudad de Buenos Aires, también existe la ley 26091 de la Nación, ambas de protección integral de los derechos de los menores ya que reconocen que los mismos son sujetos de derechos por lo que es obligación de la sociedad, de todo el mundo adulto, garantizar ese acceso a los mismos..

Con esta finalidad, en cualquier situación en la que se vulneren los derechos del niño se hace necesario llamar inmediatamente al Organismo de Infancia, al Consejo de los Derechos, o a la línea telefónica 102, creada específicamente para situaciones en las cuáles existen menores involucrados, y/ o llamar a la Defensoria del Pueblo de la Ciudad.

(1) Página 12 https://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-35459-2004-05-17.html

( 2) Daniel Filmus Programa Nacional de Mediación escolar : Orientación de diseño e implementación de proyectos

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