La importancia del vínculo entre las familias y la escuela

Documental ” Los padres camino a la Escuela”

En esta disertación que hace con motivo del estreno del Documental ” Los padres camino a la Escuela”, Philippe Merieu nos habla de los orígenes y del sentido con que el que la institución escolar fue creada para traernos a la situación actual en dónde nos explica cuál es la tarea de la escuela y de la familia hoy refieriéndose a la necesidad de construir espacios y tareas comunes.

Estoy muy contento de haber asistido a la presentación de esta película e impresionado por la calidad del trabajo realizado en Chaumont gracias a la implicación de la UDAF. La dimensión artística y cultural es un elemento esencial que ayuda a unir a los diferentes actores alrededor de la escuela. En particular, me conmueven las imágenes finales que muestran a padres e hijos, educadores y artistas cada uno cantando sus partituras en un magnífico concierto. Es una hermosa metáfora. Espero que esta iniciativa continúe y dé sus frutos, a pesar de algunas de las dificultades de la vida cotidiana. Es importante comprender lo que está en juego la relación entre la escuela y la familia, pero también la especificidad y complejidad de la situación en Francia, en comparación con otros países europeos, especialmente los países nórdicos que a menudo se pueden tomar como ejemplos

De cómo y para que surge la institución escolar

Originalmente, como señaló el historiador Philippe ARIES, la escuela fue creada como una  continuidad de la familia .En la Edad Media, las familias no estaban realmente interesadas en la educación y el porvenir de sus hijos. La escuela se convierte en una institución cuando las familias comienzan a interesarse por ese futuro acerca de ellos. Las congregaciones religiosas  se interesan  por el campo educativo e, incluso  tienen una misión específica : la “salvación de almas” ,y  consideraban a  la escuela como una extensión “natural” de la familia. El establecimiento de la Escuela de la República creó una verdadera ruptura, prevista por Guizot en 1830 y fuertemente marcada por Jules Ferry en 1882… Debido a que Jules Ferry tiene que crear  el estado-nación, permite a los niños acceder a una forma de “universalidad” y la escuela republicana  le permitirá  llevar este propósito  adelante. La escuela es construida a una fuerte distancia de las familia.. La familia es el lugar de afectividad, mientras que la escuela representa la razón. Y dado que el bien común de la República debe prevalecer sobre el interés familiar.la escuela es el espacio que  aseguraba  la construcción de ese lugar común. Este movimiento continuó hasta principios del siglo XX, pero ahora está en decadencia. Desde las décadas de 1960 y 1980, en las sociedades occidentales, hemos sido testigos del fin de las sociedades donde todos formaron espontáneamente un colectivo, y en dónde se producía un ajuste casi absoluto entre el deseo de cada uno y la aspiración común.  Con el auge del individualismo social los intereses individuales ahora son legítimos y no están necesariamente acordes al interés colectivo.

La relación escuela y familia hoy

Esta tendencia está causando un cambio radical dentro de la escuela. Anteriormente, la institución escolar era legítima y sus diversos representantes, incluido el maestro, tenían un poder de decisión que no se cuestionaba, independientemente de cualquier desacuerdo ideológico. Esta visión ha cambiado, incluso en los círculos de la clase trabajadora. Hoy asistimos al “regreso a los padres” quienes  van determinando los lineamientos que desean para la educación de  sus hijos.  Los padres hoy consultan  en Internet para ver si el programa al que se ajusta  el  maestro está en línea con el programa nacional, buscan expresar su opinión dentro de la institución o, a veces, “ir en conjunto”. En determinadas ocasiones  vemos actos y arrebatos violentos contra los maestros y la escuela. Esta violencia, expresada principalmente por algunas familias muy desfavorecidas, es cada vez mayor y, por supuesto, inaceptable. Al mismo tiempo,  otra forma de expresar la desconfianza  especialmente cuando se trata de  familias privilegiadas se exterioriza eligiendo la escuela de sus hijos, desafiando a la escuela o presionando al  maestro para averiguar si el método de aprendizaje que utiliza es el correcto. Probablemente  los comportamientos varíen según las afiliaciones sociales, pero recaen siempre en la misma sospecha , es decir en cuanto a  las condiciones de educabilidad. Los propios maestros, además,  expresan esta desconfianza cuando se trata de sus propios hijos. Este fenómeno fue identificado como “consumismo escolar” por el sociólogo Robert BALLION en la década de 1970 y desde entonces se ha acelerado considerablemente. Uno de los indicadores más significativos de esta aceleración es la creación de alternativas de enseñanza  que se materializan en diferentes propuestas pedagógicas. Los franceses están lejos de inscribir a sus hijos en estas escuelas, pero más del 60% de ellos  reconocen su existencia y las consideran una posible “solución” cuando un niño no se siente bien en la escuela de su distrito escolar. Del mismo modo, se está desarrollando  una educación  en el medio familiar o la “escuela en el hogar”. Si bien afecta sólo a una proporción muy pequeña de niños, está creciendo exponencialmente. Más allá de las escuelas Montessori que vienen  “viento en popa”, podemos mencionar las escuelas “Hope Suburbs”, las “escuelas democráticas”, las escuelas Steiner, las escuelas enfocadas en el contacto con la naturaleza, etc.  Existe una gran oferta educativa destinada a las familias, especialmente en Internet, podemos encontrar, fuera de la escuela pública, distintas maneras de educar a nuestros hijos. Recientemente se organizó en París una feria de “libertad pedagógica”, que reunió a actores con ideologías radicalmente diferentes, pero con la idea en particular de devolver la educación al redil de la familia, fuera de la educación pública. Hay que entender que este fenómeno está ligado a una evolución social que se ha puesto del lado de la noción de interés individual, pero paralelamente  aún no ha reconstruido la noción de interés colectivo: en este contexto, la “Escuela para Todos”, que era la ambición de la Escuela de República, ya no es realmente un objetivo. Más que una escuela que tiende a unir en aras del bien común, el reto hoy es encontrar la “escuela correcta”, que corresponda a las aspiraciones de la familia y que asegure el éxito del niño de acuerdo con los deseos de sus padres. Por eso creo que es importante reconstruir el vínculo entre la escuela y las familias: las cuestiones educativas de la posmodernidad están vinculadas al hecho de que la democracia está en el medio del camino. Hemos  dejado atrás la noción de un bien común vertical y teocrático que se impuso a todos. Esta evolución nos da mucha más libertad. Hoy queremos elegir. Hemos pasado de la elección de la sociedad a la sociedad de elección. En este contexto, estamos luchando para encontrar el bien común que nos una. Paradójicamente, un director de una escuela alternativa tiene, al mismo tiempo, mejores  medios para atraer a las  familias y resistirlas que un director de escuela pública, cuyo proyecto no siempre es muy identificable. Si los padres realizan una protesta en un ámbito escolar alternativo, pueden oponerse a un proyecto educativo específico al que pueden adherir… o, si no están satisfechos, les queda la posibilidad de recurrir a otra escuela. El peligro es, que  a largo plazo, se produzca la balcanización, la explosión de nuestro sistema escolar en una multitud de “servicios”,. Por el contrario, nuestra posmodernidad requiere que nos reunamos y ofrezcamos a nuestros hijos una “escuela común.

La desaceleración y el pensamiento reflexivo

Es hora, de hecho, de permitir que todos los estudiantes sigan el principio de la Ilustración (“Léase a pensar por sí mismos”):  y esto se convierte en un imperativo frente a este “capitalismo de impulsos” que podría resumirse en el principio “Haz que tu capricho se imponga”.  A medida que nuestros hijos son acosados por los medios de comunicación, el poder publicitario se vuelve cada vez más poderoso, las herramientas tecnológicas y los juegos electrónicos los incitan a demandar, demandar y a obtener cada vez más para que satisfacer sus impulsos a cada momento, por eso  se hace  imperioso buscar un anclaje en el pensamiento reflexivo como un objetivo fundacional de una “Escuela para Todos“. Porque si queremos ser capaces de ‘hacer en sociedad’, no sólo debemos lograr que nuestros hijos aprendan, sino que también entiendan que  deben aprender juntos y  comprender  “, enriqueciéndose con las diferencias y ayudándose  unos a otros en  beneficio de todos. Deben aprender además a aceptarse a sí mismos sin someterse el uno al otro, en un diálogo que les permita moverse individual y colectivamente hacia la búsqueda del “bien común”. Más aún,  por el hecho de que la posmodernidad también se caracteriza por enfocarse en las  “certezas”. Lo que surge, cuando nos fijamos en los comportamientos de los adolescentes, es la sed de certezas que los lleva  a  “conocer  todo”, a “entender todo” y obtener lo que metafóricamente sería la  “llave” de un ideal de vida. Pero la certeza  genera violencia: destruimos al mundo con nuestras certezas, nuestras posiciones cerradas y el convencimiento acerca de que nuestra verdad es la única. Entonces se vuelve esencial  el hecho de permitir que nuestros hijos tengan acceso a la capacidad de interrogarse acerca de sus creencias, que  dialoguen y se pregunten en base al conocimiento que les transmitimos. Se hace imperativo promover la educación que trabaje en la desaceleración y les permita la formación de su propias  opiniones. La educación debe ser una oportunidad para que nuestros hijos se desaceleren, disminuyan la velocidad, que salgan del acto reflejo para entrar en la reflexividad. Y tienen que  hacerlo juntos desde los bancos de la misma escuela. Debemos trabajar incansablemente para permitir que los niños salgan de la inmediatez y entren en la reflexividad. Este tema no es exclusivo  de la educación en las aulas, sino de la educación en el sentido más amplio, es decir aquella que incluye a todos los actores. Los padres, la escuela y la sociedad en su conjunto deben movilizarse en torno a este tema para que los niños no sean máquinas dispuestas a obedecer a lo que les transmite la publicidad, los eslóganes simplistas y las caricaturas más maniqueas. Por lo tanto, tenemos que salir de esa sospecha mutua que se crea entre la familia y la escuela y lograr objetivos comunes respetando el lugar de cada uno. Los maestros a veces ven a los padres como intrusivos. Los padres a veces piensan que los maestros están enredados en una visión tecnocrática de su profesión, muy lejos del interés del niño. Para construir nuevos lazos de confianza, debemos reconocer las funciones diferentes y complementarias  que les compete a cada uno en la educación. Nuestra tarea común sería la de  formar un sujeto libre en un colectivo de solidaridad. La familia juega un papel esencial en esto. Los padres tienen la función de dar la bienvenida al niño al mundo garantizando el afecto y la seguridad necesarios para que el mismo acepte gradualmente que no es el centro del mundo, y además que pueda pasar del impulso que requiere la satisfacción inmediata del cuerpo primario, a la del deseo que requiere de un tiempo necesario y de la aceptación de la frustración acerca de la promesa de satisfacción futura. La escuela, por otro lado, desempeña otro papel: confronta al niño con la veracidad y la racionalidad para acceder a conocimientos objetivos que, al mismo tiempo, los liberan y los unen. El filósofo ALAIN muestra la importancia de este conocimiento para permitir que el niño se libere de la “bagaje emocional” familiar el cuál fue fundante pero en el que corre el riesgo de quedar encerrado. La Escuela, de hecho, presenta al conocimiento en un orden de progresividad y objetividad. Según Ferdinand BUISSON – el “padre” de nuestra “pedagogía republicana” – la matriz de la enseñanza es “la lección acerca de las cosas”: si el maestro lleva una  balanza de Roberval al aula, no es para divertir o impresionar a los estudiantes, sino para que puedan verificar que sus afirmaciones son una cuestión de conocimiento “objetivo”, que no conlleva una exigencia emocional. La escuela tiene así un papel estructurador y fundamental en este área. Pero, además de la familia y la escuela, el niño también necesita ser parte de “terceros lugares”, como un club de fútbol, un teatro , una asociación humanitaria o, más sencillamente, un grupo de compañeros con los que participa en una actividad libremente consensuada. En estos “terceros lugares”, puede comprometerse y proyectarse voluntariamente en un espacio colectivo y  aprender acerca de su responsabilidad en esos entornos. Los niños, que tienen a la familia como lugar de inscripción en el mundo y a la escuela como el lugar para aprender acerca del  conocimientos de los objetos, también necesitan un lugar de participación personal  a donde puedan concurrir   y en el que participen en una actividad que hayan elegido. Nos equivocaríamos al eliminar estas actividades en dónde el niño socializa y a la cuál ha elegido cuando tiene dificultades en la escuela, porque hay una correlación significativa entre el éxito académico y el hecho de  asumir la responsabilidad de desarrollar estas  actividades ya sea en una asociación,  un deporte y /o una actividad cultural. El niño necesita estos tres “pilares” educativos. Necesita ser ayudado en cada uno de ellos para desarrollar su reflexividad en los objetos y con métodos específicos. Necesita, al mismo tiempo, su complementariedad y sus diferencias de enfoque. Pero también necesita percibir estos tres “pilares”, sin confundirse. Es por eso que necesitamos reunir   a las culturas familiares y escolares, que están luchando para llevarse bien. Más allá de las diferencias culturales, que a menudo son fuertes, está la cuestión del “currículo oculto”, es decir, qué deben hacer los niños en la escuela, pero que la escuela no les enseña. Asi el trabajo desde la mirada muestra que algunos niños saben mirar “adecuadamente” al maestro o maestra, el tiempo suficiente para no parecer indiferentes, pero no demasiado largo como para parecer insolentes. Algunos niños saben que pueden hacer una pregunta en particular, porque al maestro le gusta responderla… por otro lado, hay preguntas que no deben hacerse. Por lo tanto el niño desarrolla un montón de “habilidades para tener éxito en la escuela”que forman parte del”currículo oculto”… Muchas cosas también se juegan en la relación con el lenguaje: algunas familias utilizan un lenguaje muy elaborado, incluyendo términos abstractos, mientras que otras familias usan un lenguaje denotación donde las palabras sólo están allí para designar objetos o dar órdenes… Por eso es tan importante aclarar las expectativas mutuas de los padres y la escuela. El conocimiento, en el sentido del conocimiento académico estructurado, se aprende en la escuela.  Además del aprendizaje escolar  ahora existe otro tipo de aprendizaje,  supuestamente adquirido fuera de la escuela. Una vez que parte del aprendizaje se envía sistemáticamente fuera del aula, el éxito académico está subordinado a las desigualdades familiares y sociales.

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Trabajando con los padres

 Esto no quiere decir que los padres no tengan ningún papel en este éxito académico, por supuesto, pero sí significa que lo que se espera de ellos debe ser claro, entendido por ellos y asumido por todos. Por ejemplo, los padres pueden trabajar para mostrarles que lo que se puede aprender en casa es la transferencia, el uso personal y social del conocimiento escolar, por lo que es mucho más fácil y más útil para ellos tomar tiempo para jugar, trabajar en el jardín o cocinar con sus hijos, más que ayudarlos a hacer su trabajo escolar. Al cocinar o retocar, pueden usar la proporcionalidad que aprendieron en clase, pueden aprender a ser precisos, justos y rigurosos en lo que hacen. Y allí, la familia puede desempeñar un papel esencial, probablemente menos discriminante socialmente que cuando  se les pide que hagan de “ maestro particular”. Además, puede involucrar a la familia extensa, especialmente a las personas mayores,  quienes pueden proporcionar asistencia decisiva a los niños y adolescentes en este ámbito.

La construcción de espacios entre familias y escuelas

 Pero la complementariedad entre la familia y la escuela no es espontánea:  sólo funciona. Y eso es coeducación. Los “espacios de padres” son algunas de las propuestas que van en esta dirección, pero es bien sabido que cualquier oferta cultural e institucional esencialmente logra reunir a los padres que menos lo necesitan… mientras que los que más necesitan estar presentes son los que son más reacios a ir allí. Es posible lograrlo, pero con un esfuerzo constante en el obrar. Y, en segundo lugar, la creación de un “espacio principal” para los padres, por importante que sea, no resuelve todos los problemas. Personalmente, estoy a favor de medidas más audaces. Me gustaría ver a los padres en las escuelas primarias invitados sistemáticamente a asistir a la clase al menos medio día al año, en grupos de dos o tres, sin intervenir, observando lo que está sucediendo allí para que puedan hablar de ello después con el  maestro y hacerle preguntas. Este experimento se llevó a cabo en siete municipios cuando la escuela todavía se extendía hasta el sábado por la mañana, con resultados muy prometedores. Sería interesante ampliarlo y también ofrecer a los padres más sistemáticamente que participen en actividades extracurriculares para intercambiar conocimientos, incluidas las que tradicionalmente no son valoradas por la escuela. En la universidad, uno de los principales problemas es la ausencia de interlocutores reales de los padres. He estado haciendo campaña durante años, en vano, para que los maestros de alto nivel puedan obtener un tiempo determinado y oficinas con el fin de recibir a los padres en la escuela. Estas medidas no serían extremadamente costosas, pero cambiarían radicalmente la relación con los padres. Por otra parte, estoy a favor de la creación en los  colegios de un grupo de padres electos por parte de las instituciones. Podrían reunirse independientemente de los maestros y ejecutivos de educación para abordar una serie de temas y llevarlos a la junta escolar o a la junta directiva. Los padres también deben ser informados de algunas cuestiones críticas. Cuando hay varias clases dentro de una institución, los criterios para la distribución de clases son parte de ella: ¿cómo se forman las clases: por niveles, afinidades, orden alfabético o dibujo? En las encuestas a los padres, este problema es una de las preguntas más importantes. Debería trabajarse con ellos. Por último, creo que podríamos intentar, sobre la base del voluntariado, abrir cursos de formación en los que tanto los padres como los profesores puedan participar. Una de las cuestiones que podrían abordarse es la relación entre el niño y lo digital: es un tema importante, que no puede ser responsabilidad exclusiva de la familia o de la escuela. Tenemos que pensar juntos en los criterios para el uso inteligente de la tecnología digital, incluidos los motores de búsqueda y las redes sociales. De hecho, la tecnología digital ha desempeñado un papel extremadamente importante en la vida de los niños, pero sigue siendo un “agujero negro” para muchos padres y maestros. Sobre este tema, como en todos los demás, debemos pasar de un estado de desconfianza mutua a “profesores ciudadanos” en diálogo con los “padres ciudadanos”: identificar juntos las principales cuestiones educativas y cuestionar el papel respectivo de cada uno de ellos para hacer frente a estas. Salir de la desconfianza respetando los detalles, construir un nuevo “contrato social” entre los padres y la escuela 

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