“LO QUE PISA NO VE”

LO QUE PISA NO VE

Al mencionar evaluación surge de manera automática las referencias a PISA y a continuación una batería de preguntas, desde las más sencillas del tipo ¿quién ha decidido qué es lo que deben saber los jóvenes de cualquier país? o, ¿por qué se paraliza el mundo educativo y se sobrecogen los gobiernos cada vez que PISA habla?, a las más complejas del tipo ¿qué mide realmente PISA? o ¿qué intereses o ideología hay detrás de las pruebas? Sabemos que la evaluación no sólo mide los resultados, sino que condiciona profundamente lo que se enseña y cómo se enseña y, por tanto, determina qué aprendemos y cómo aprendemos y puede limitar o promover los aprendizajes efectivos y profundos

El pasado 11 de mayo se llevó a cabo la jornada «Lo que PISA no ve» en Medialab-Prado Aquí  desarrollamos los puntos que se desarrollaron en el evento  con la idea de que  puedan comentar sus impresiones, de una temática sumamente importante como es la evaluación.

La idea fue dar voz a todos, dar la palabra, escuchar, debatir tranquilamente. Ese fue el principal objetivo de laJornada #CalmarEdu que organizó el pasado 17 de junio en Medialab Prado y en el que participaron más de 100 personas entre alumnos, padres, profesores, directores de centros, profesionales de la educación, responsables educativos, académicos, representantes de empresas.

En la Asociación Educación Abierta  consideran que ha llegado el momento de hablar realmente de educación. Que ha llegado el momento de abrir un debate pausado, razonado y con datos que nos permita ampliar el campo de diálogo e incorporar voces y experiencias diversas al debate educativo. Que ha llegado el momento de la educación.

La jornada estuvo dividida en dos partes. Una primera, descriptiva, en la que el objetivo fue identificar la situación actual en torno a la evaluación y una segunda, propositiva, en la que trataron de hacer propuestas de trabajo sobre evaluación, respondiendo al eje temático “Medimos lo que valoramos”.

Para comenzar la reflexión y empezar a debatir, plantearon una serie de preguntas iniciales¿Es evaluar un elemento imprescindible del sistema educativo?; ¿Tenemos claro su finalidad principal?; ¿Establecemos estos objetivos y fines de manera compartida?; ¿Cómo estamos seguros que conseguimos los objetivos establecidos?; ¿Es evaluar un proceso objetivo?; ¿Es evaluar un proceso técnico o ético?; ¿Somos conscientes del poder de la evaluación?; ¿Somos conscientes de cómo condiciona cualquier evaluación al proceso enseñanza/aprendizaje?; ¿Quién debe participar en el diseño de la evaluación?; ¿Qué ocurriría si a nuestros alumnos los evaluásemos por su capacidad para evaluar y evaluarse?; ¿Estamos midiendo lo que valoramos o medimos aquello que es fácilmente medible, llegando a la situación de que valoramos solo lo que podemos medir?; ¿Qué ocurriría si les evaluásemos por su capacidad para transformar sus entornos?; ¿Qué ocurriría si evaluásemos su capacidad para vivir y trabajar en la incertidumbre?; ¿Pueden mejorar los resultados en las evaluaciones sin mejorar los aprendizajes?; ¿Cómo se miden las competencias?; ¿Cómo podemos medir competencias sociales y emocionales, como la empatía y la responsabilidad, o competencias y valores como el respeto a la multiculturalidad o la dignidad humana?. Es la evaluación importante para el proceso de enseñanza y aprendizaje? Y si es así, ¿qué evaluación necesitamos y qué evaluación no queremos? ¿Es evaluar un proceso objetivo? o, por el contrario, ¿cada vez que evaluamos estamos asumiendo unos valores determinados? ¿Somos conscientes del poder de la evaluación? ¿Sabemos cuáles son las consecuencias pretendidas de la evaluación? ¿Somos conscientes de sus consecuencias no pretendidas? ¿Somos conscientes de cómo condiciona cualquier evaluación al proceso enseñanza y aprendizaje?

¿Hemos pensado cómo influyen las evaluaciones de todo el sistema educativo sobre los aprendizajes particulares de cada alumno? Cuando evaluamos, ¿tenemos claro su finalidad principal? ¿Establecemos estos objetivos y fines de manera compartida? ¿Se ajusta nuestra forma de evaluar a esa finalidad? ¿Quién debe participar en el diseño de la evaluación? y ¿quién debe evaluar?.

¿Qué ocurriría si en lugar de medir la adquisición de  conocimientos que quedarán obsoletos rápidamente les evaluásemos por su capacidad de aprender a aprender y de aprender a ser? ¿Qué ocurriría si les permitiésemos poner en práctica estrategias de autoevaluación y coevaluación? ¿Qué ocurriría si les evaluásemos por su capacidad para evaluar y evaluarse? ¿Qué ocurriría si les evaluásemos por su capacidad para transformar sus entornos?; ¿por su capacidad para transformar la sociedad?¿Qué ocurriría si evaluásemos su capacidad para vivir y trabajar en la incertidumbre?

El tema era complejo y multidimensional y el debate fue rico y diverso. Estuvieron de acuerdo en muchos aspectos pero también, como no, hubo numerosos desacuerdos y discusiones de intensidad. Los siguientes 10 puntos, sin ánimo de ser exhaustivos de todo lo que se dijo, recogen las principales conclusiones a las que llegaron en las 3 sesiones de la mañana. Su intención, era describir la situación actual.

Dibujar el mapa de un territorio en el que hay acuerdos claros pero también zonas de oposición y conflicto. No es una cartografía abstracta elaborada en un gabinete cerrado, sino el mapa que resulta de darse la voz y escucharse, de manera abierta y sincera. Es el mapa que resulta de ponerse juntos a valorar la educación.

  1. En general tendemos a valorar lo que medimos. Tenemos una evaluación muy reduccionista.
  2. Medimos. Confundimos evaluación con calificación. La evaluación no ayuda al proceso de mejora. No apoya los procesos formativos. No hay realmente una evaluación para la mejora.
  3. La evaluación sobredimensiona ciertos aspectos e infravalora y oculta otros. De alguna manera la evaluación oculta e inmoviliza.

Nos faltan “herramientas” que nos permitan evaluar

  • En general tendemos a valorar lo que medimos. Tenemos una evaluación muy reduccionista.
  • Medimos. Confundimos evaluación con calificación. La evaluación no ayuda al proceso de mejora. No apoya los procesos formativos. No hay realmente una evaluación para la mejora.
  • La evaluación sobredimensiona ciertos aspectos e infravalora y oculta otros. De alguna manera la evaluación oculta e inmoviliza.
  • Nos faltan “herramientas” que nos permitan evaluar de una manera más rica, más profunda y más variada.
  • En nuestro sistema, conviven distintas culturas de la evaluación. Hay mucha diversidad de opinión sobre cuál el valor y la utilidad de la evaluación y, por tanto, también hay mucha diversidad de opiniones sobre cómo debemos evaluar y para qué evaluamos.
  • La evaluación de la educación responde a nuevas formas gerenciales e impone una cultura de la no confianza.
  • Puede ayudar a la mejora pero hay una resistencia generalizada a que nos evalúen.
  • En la evaluación de los aprendizajes se declaran unas intenciones (por parte de la administración o de los profesores) pero se hacen, miden y exigen otras.
  • El proceso de evaluación está muy condicionado por las administraciones, las familias, los propios alumnos, la falta de formación.
  • Hay muy poca diversidad. Son en general procesos muy unidireccionales y en el caso de la evaluación del aprendizaje con un excesivo peso en la hetero-evaluación del profesor
  • Partiendo de estos 10 puntos, en la sesión de la tarde pasaron de describir a proponer. No buscaban soluciones sino orientación para navegar por el mapa. No tenían recetas. Estas son las 8 propuestas que resultaron de esta última sesión de diálogo y sobre las que trabajaron
  • Propuesta 1: Definir conjuntamente los resultados del aprendizaje esperados
    Propuesta 2: Evaluar lo que valoramos y no solo lo que sabemos o podemos medir.
    Propuesta 3: Personalizar la evaluación e ir hacia una evaluación solicitada.
    Propuesta 4: Pasar de una cultura del dolor y el sufrimiento a una del placer y el aprendizaje.
    Propuesta 5: Promover una evaluación no jerárquica y multidireccional.
    Propuesta 6: Convertir la evaluación en un acto compartido.
    Propuesta 7: Evaluar lo diferente.
    Propuesta 8: Hacer de la evaluación un proceso que valore lo compartido

DESARROLLO DE LAS JORNADAS

Algunas preguntas iniciales.

¿Qué educación queremos? ¿Para qué educamos? Y, ¿quiénes son (somos) los responsables de la educación? ¿Quién marca los objetivos? ¿Cómo decidimos el camino más adecuado para transformar la educación? ¿Es necesaria esa transformación? ¿O, por el contrario, tenemos el mejor de los sistemas posibles? 

Flor Cabrera, ”Si no hay cambio en la evaluación, no hay cambio real en educación” profesora de la Universitat de Barcelona

“El docente debe compartir el poder de la evaluación. Cuando compartes con el alumno ese poder, pasa del deber de estudiar a responsabilizarse de su aprendizaje

Javier Cortés, ¿Evaluar en el aula? docente y autor del blog “Revoluación”

“La evaluación por competencias realmente no tiene consecuencias para los alumnos. Lo que finalmente importa es la nota media del expediente”, por lo que, concluye, “la evaluación por competencias no existe. No es funcional. Los profesores evalúan sus asignaturas.

Carmen Tovar, Directora del INEE ¿ Para que sirven las evaluaciones externas?

PISA ha conseguido lo que nosotros, tras sucesivas leyes educativas, no hemos logrado: establecer referencias para comparar distintos niveles (nacional, regional e internacional), analizar tendencias a lo largo de un período de tiempo, conocer, innovar y mejorar nuestro sistema educativo. “Evaluamos para tener referentes, analizar tendencias, rendir cuentas y proponer medidas eficaces de mejora”, afirmó.

Mesa 1: Evaluamos para la bondad y la libertad.

¿Evaluar para la bondad es avaluar las actitudes y valores de las competencias? ¿Es evaluar el saber ser? ¿Es evaluar la inteligencia emocional? ¿Podemos avaluar para la bondad y, en caso afirmativo, lo hacemos? ¿Qué criterios se deben emplear para evaluar para la bondad .Valorar lo esencial del sistema educativo es un tema que no está resuelto, y que en no pocas ocasiones se resuelve ignorando sin más el desafío, alegando bien falta de recursos, materiales, organizativos o metodológicos, o bien por la simple falta de convicción.      

  • Evaluar para la bondad es avaluar las actitudes y valores de las competencias? ¿Es evaluar el saber ser? ¿Es evaluar la inteligencia emocional? ¿Podemos avaluar para la bondad y, en caso afirmativo, lo hacemos? ¿Qué criterios se deben emplear para evaluar para la bondad
  • ¿Con qué criterios se evalúa para la bondad y para la libertad? ¿Pueden participar los alumnos en los criterios de evaluación? ¿Se puede o debe evaluar con una evaluación cuantitativa, o mejor cualitativa? ¿Se suele ser respetuoso con los alumnos y alumnas cuando se les evalúa?
  • Hay libertad si no hay participación? ¿Tienen libertad los centros, los profesores y los alumnos? ¿Tienen autonomía? ¿Cómo ha de abordarse la rendición de cuentas?
  • ¿Cómo evaluar desde la evidencia? ¿Cómo podemos cambiar la educación para evaluar al individuo y no solo contenidos? ¿Evaluamos para la ética? ¿Cuál es el papel de las familias en este proceso de formación? ¿se puede evaluar?
  • ¿Por qué no se considera positivo el papel que desempeña el error en el proceso de aprendizaje? ¿Cómo evitar que se considere negativamente el error en la evaluación formativa? ¿Tiene la misma repercusión el error si evaluamos que si calificamos?

Mesa 2: Evaluamos para la convivencia y los derechos civiles

¿Encarnan los centros educativos los valores que dicen transmitir? ¿No sería más provechoso evaluar el desempeño del Colegio y el Docente que los conocimientos de los alumnos?

  • ¿Han de evaluar los #centros su nivel de inclusión, de convivencia? ¿Evaluamos al #docente en materia de convivencia y derechos civiles? #LoQuePISANoVe ¿Cómo superamos la desconexión entre la sociedad y la actividad que se da en líos #centros?
  • Es necesario evaluar los derechos civiles, la #convivencia para aprenderla? #LoQuePISANoVe ¿Cómo podemos evidenciar la relevancia de la #convivencia en y desde el sistema educativo? ¿Para cuando evaluaciones externas sobre valores cívicos?
  • ¿Puede haber formación integral sin aprendizaje y evaluación de la convivencia? ¿Para qué aprender los derechos? ¿Para qué sirven al individuo y a la sociedad?
  • ¿Cual es el cambio fundamental de política educativa para introducir en los #centros una educación cívica eficaz?
  • ¿Es necesario evaluar los derechos civiles, la #convivencia para aprenderla? ¿Cómo podemos evidenciar la relevancia de la #convivencia en y desde el sistema educativo? ¿Para cuando evaluaciones externas sobre valores cívicos? ¿Qué ha de cambiarse en el currículum para una inclusión de las competencias cívicas y de #convivencia? #LoQuePISANoVe ¿Cómo se pueden establecer criterios comunes autonómicos/nacionales? ¿Se puede evitar caer en que esto no signifique incremento de asignaturas?
  • ¿Qué ha de cambiarse en el currículum para una inclusión de las competencias cívicas y de #convivencia ¿Cómo se pueden establecer criterios comunes autonómicos/nacionales? ¿Se puede evitar caer en que esto no signifique incremento de asignaturas?
  • ¿Encarnan los centros educativos los valores que dicen transmitir? ¿No sería más provechoso evaluar el desempeño del Colegio y el Docente que los conocimientos de los alumnos?
  • Los derechos civiles y la convivencia, además de los valores, ¿deben tener notas académicas?
  • Tenemos presente al enseñar y evaluar la convivencia y los derechos la #diversidad de nuestra sociedad actual? ¿Tenemos en cuenta que hay alumnos que solo en el aula pueden sentirse queridos?
  • Puede la coevaluación ser un instrumento fiable y válido para desarrollar e impulsar una educación continua en derechos civiles y convivencia en el centro?

Mesa 3: Evaluamos para la creación y el empleo

Aprendemos haciendo y educamos, todos, para aprender autónomamente, o así deberíamos hacerlo. En este marco la creatividad es una consecuencia necesaria para una educación que aspire a responder a las expectativas de la sociedad actual y las necesidades básicas de una persona del siglo XXI. 

Mesa 4: Evaluamos para transformar el aula y el centro educativo.

¿Quienes deben intervenir en la evaluación? ¿Se puede evaluar lo que ocurre en el aula? ¿La evaluación que se hace actualmente nos ayuda a introducir mejoras? ¿Cómo podemos generar un ecosistema de observación, conversación, información … para que la evaluación transforme las aulas y los Centros Educativos?

  • “Hay problemas para medir, mediante indicadores, la parte social de la educación”
  • Transformar el Centro Educativo supone tambień incluir a las familias y pensar en ellas si cambiamos la cultura de la evaluación del Centro Educativo.”
  • Un alumno que participó en el debate: “La evaluación actual es un dato que no valora bien lo que ocurre en el aula. Los profesores están más preocupados de que el alumno saque un nueve de como se siente el alumno como persona
  • ¿Cómo generar una cultura de la #evaluación FORMATIVA en los Centros Educativos? ¿¿Cómo evaluamos (que datos necesitamos obtener) si queremos transformar el Centro Educativo?
  • ¿Quienes deben intervenir en la evaluación ¿Se puede evaluar lo que ocurre en el aula? ¿La #evaluacion que se hace actualmente nos ayuda a introducir mejoras? ¿Qué otros sistemas de certificación podemos usar para restar peso al proceso de calificación que condiciona permanentemente el proceso educativo?

Mesa 5: Evaluamos para transformar la educación y la sociedad

¿Estamos evaluando (educando) para transformar la sociedad o educamos (evaluamos) para adaptarnos a una sociedad que cambia?¿Tenemos claro la transformación que queremos?¿Cuáles son los elementos y procedimientos clave para lograr una transformación en la sociedad y educación? 

  • En educación hemos dedicado mucho tiempo a los métodos y poco a reflexionar sobre las metas. Hoy es sumamente importante debatir y dialogar sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Eso hemos tratado de hacer en #LoquePISAnove #TodosEducamos
  • Debemos decidir si queremos ser agentes de transformación o de reproducción. Si queremos que nuestras escuelas sirvan para que los menores aprueben exámenes y saquen buenas notas o para q aprendan a pensar y no acepten sin más la primera idea que les sea propuesta.
  • La educación está inmersa en una cultura del rendimiento donde los medios se transforman en fines y los indicadores de calidad se confunden con la calidad. La validez normativa (donde medimos lo q valoramos) es reemplazada por la validez técnica (donde valoramos lo q es medible)

¿Estamos evaluando (educando) para transformar la sociedad o educamos (evaluamos) para adaptarnos a una sociedad que cambia?¿Tenemos claro la transformación que queremos?¿Cuáles son los elementos y procedimientos clave para lograr una transformación

  • ¿Se está valorando actualmente los propios procesos de evaluación? ¿Evaluamos la evaluación? ¿Qué entiende la sociedad por evaluación? ¿Demanda realmente la sociedad un nuevo modelo de evaluación? ¿La organización educativa condiciona la evaluación? #LoquePISAnove #TodosEducamos
  • ¿Qué podemos hacer a corto, medio y largo plazo? FIN del hilo👌. Gracias a @afidalgo111 por moderar esta mesa conmigo y a las casi 100 personas que participaron el sábado en @MedialabPrado en #LoquePISAnove y que demostraron con sus aportaciones que #TodosEducamos
  •  Dos ideas a sumar. La conciencia de que los docentes están evaluando en todo momento, otra cosa es qué están evaluando y que no es igual que calificar. Y entender la evaluación como el principio y no como el fin, se trata de conocer para ajustar el paso al camino.

Mesa 6: ¿Para qué evaluamos?

La falta de una cultura de la evaluación crea un modelo educativo que legitima la desigualdad, imposta la autoridad, enmascara la arbitrariedad, banaliza lo colectivo, penaliza el error, individualiza las prácticas y psicologiza el fracaso

  • La evaluación podría ahogar la diversidad en las instituciones y desterrar la experimentación del aula. La ausencia de reflexión crítica, más allá de la academia y del mundo de los expertos, es síntoma de una cultura que nos empobrece y achica #LoquePisanove @c_magro @terenet
  • La evaluación se basa en indicadores que hacen visible y legitiman un mundo antes que otros posibles. Evaluar entonces podría ser la nueva forma de dar órdenes: incluso una forma naturalizada de bulling.
  • Es difícil generar confianza y compromiso si la evaluación se hace sin las herramientas necesarias. Por eso es tan importante fomentar una cultura de la evaluación que nos ayude a entender qué relaciones se crean entre nosotros cuando nos evaluarnos #LoquePisanove @c_magro

Mesa 7: Lo que Pisa no ve

¿No deberíamos restringir los ámbitos de observación de PISA impidiendo que amplíe su ámbito de influencia? ¿No deberíamos obligar a que se centrara en lo que ya hace, en la evaluación de los rendimientos de las competencias básicas? 

  • ¿No deberíamos restringir los ámbitos de observación de PISA impidiendo que amplíe su ámbito de influencia? ¿No deberíamos obligar a que se centrara en lo que ya hace, en la evaluación de los rendimientos de las competencias básicas? #loquepisanove #todoseducamos @AbiertaEdu

¿No deberíamos relativizar los resultados arrojados por PISA desarrollando políticas públicas y de centro que se atuvieran a sus realidades más cercanas-

Medimos lo que valoramos

30 junio, 2017

Desde hace años, nuestro sistema educativo, los sistemas educativos en general de todo el mundo, nuestros centros, nuestros docentes y sobre todo nuestros alumnos y alumnas están sujetos de manera regular y creciente a pruebas externas, a múltiples estadísticas y a informes promovidos por organismos transnacionales, nacionales y regionales. Centros educativos y docentes se encuentran también sometidos a un creciente escrutinio por parte de una sociedad (empresas y familias principalmente) que se considera con razón un actor importante del proceso educativo.

Nuestros alumnos y alumnas además se enfrentan a la evaluación periódica que tiene lugar en sus aulas y con la que sus docentes tratan al mismo tiempo de mejorar su aprendizaje, certificar unos conocimientos, acreditar niveles y responder a las demandas de sus administraciones y de la legislación educativa. Tareas que todas juntas no están exentas de tensiones y contradicciones.

Pruebas censales, diagnósticas, con y sin efectos académicos, certificadoras, con carácter de reválida o selectivas, clasificatorias o informativas, evaluaciones sumativas y formativas, continuas y finales podemos hablar de un gran y complejo sistema que actúa e influye en todos los niveles del sistema educativo: el macro de las políticas educativas, el meso del centro educativo y el micro del aula. Y que en última instancia repercute en los principales protagonistas de la educación: los alumnos y las alumnas.

No se puede decir que nos falten datos. Todo lo contrario. Tenemos tantos que podríamos decir, tomando el término popularizado hace unos años por Alfons Cornellá, que estamos infoxicados. Experimentamos tal indigestión de datos que, más que movernos hacia la acción, nos sume en un letargo adormecedor. Sufrimos en cierta manera una parálisis por exceso de análisis. Son tantos los datos que tenemos que finalmente conforman una especie de cortina que filtra nuestra percepción de la realidad amplificando ciertas cosas y ocultando muchas otras. Datos que, por cierto, la mayor parte de la comunidad educativa no utiliza pero que cada vez condicionan más su quehacer diario.

Si no queremos entregar la responsabilidad de nuestros procesos y prácticas educativas a abstractos sistemas de medición y aspiramos a mantener un control democrático sobre nuestras iniciativas educativas y sobre las maneras en las que evaluamos su calidad”, decía hace unos años Gert Biesta.

Urge abrir un debate sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Urge recuperar el debate sobre los fines de la educación. Debatir sobre cuáles deben ser los parámetros de una buena educación; qué entendemos que es educativamente deseable. Urge porque, a pesar de que se podría argumentar que tales sistemas solo miden lo que ya se encuentra ahí, su impacto real va mucho más lejos.

Y urge también debatir sobre cómo evaluamos los aprendizajes de los alumnos. Sabemos que la evaluación no sólo mide los resultados, sino que condiciona profundamente lo que se enseña y cómo se enseña y, por tanto, determina qué aprendemos y cómo aprendemos y puede limitar o promover los aprendizajes efectivos y profundos. No son pocos los profesionales de la educación que sostienen, desde hace años, que la clave para la transformación educativa radica en modificar la actual cultura de la evaluación revisando cómo evaluamos, repensando los objetivos de la evaluación, fomentando una evaluación formativa y experimentando con nuevas maneras de evaluar. Sin un cambio en nuestra cultura de la evaluación no habrá cambio educativo.

La evaluación no debe ser nunca el momento final de un proceso. La evaluación no es el objetivo sino el medio. El fin de la evaluación no es ser el fin de nada. No debe ser el producto sino el comienzo de un proceso más rico y fundamentado. La evaluación debe ser una oportunidad para el aprendizaje. No debemos limitar la evaluación a la calificación. Calificar no es evaluar. Debemos pasar de una evaluación del aprendizaje a una evaluación para el aprendizaje.

En educación hemos dedicado mucho tiempo a los métodos y poco a reflexionar sobre las metas. Reflexionar y dialogar sobre evaluación es pensar en los fines de la educación. Reflexionar sobre la evaluación que queremos es una forma de reflexionar sobre la educación que queremos.

Para que las mediciones sean un impulsor positivo en las formas de responsabilidad democrática y en la que sus miembros tengan poder, es importante que no nos centremos en lo que se valora en el sentido abstracto, sino que demos la palabra a todas las partes interesadas en articular que es aquello considerado como deseable “ (Gert Biesta)

Las evaluaciones PISA

Al mencionar evaluación surge de manera automática las referencias a PISA y a continuación una batería de preguntas, desde las más sencillas del tipo ¿quién ha decidido qué es lo que deben saber los jóvenes de cualquier país? o, ¿por qué se paraliza el mundo educativo y se sobrecogen los gobiernos cada vez que PISA habla?, a las más complejas del tipo ¿qué mide realmente PISA? o ¿qué intereses o ideología hay detrás de las pruebas?.

A la hora de poner en marcha estas evaluaciones, es importante por tanto que reflexionemos si estamos midiendo lo que realmente valoramos o si, por el contrario, estamos midiendo aquello que es fácilmente medible (Gert Biesta), llegando a la situación en que valoramos solo lo que sabemos, lo que podemos medir o lo que ya se ha medido previamente.

Si no queremos entregar la responsabilidad de nuestros procesos y prácticas educativas a abstractos sistemas de medición y aspiramos a mantener un control democrático sobre nuestras iniciativas educativas y sobre las maneras en las que evaluamos su calidad, es sumamente importante que se lleve a cabo un debate sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Debemos recuperar el debate  sobre los fines de la educación. 

Puede que los estados terminen haciendo sus políticas a la luz de las recomendaciones de PISA, pero puede también que PISA oculte lo que realmente está sucediendo en los centros, que desde su omnisciencia termine imponiendo que es lo verdaderamente importante para la educación.    

Por mucha influencia que tengan, el tema de la evaluación no se agota en las pruebas externas al sistema educativo, ni siquiera se puede agotar en las pruebas certificadoras o selectivas de nuestro propio sistema educativo. ¿Qué ocurre dentro de nuestras aulas? ¿Cómo son nuestras prácticas de evaluación? ¿Cómo evaluamos a nuestros alumnos?

Además de PISA al hablar de evaluación también surgen otras muchas palabras que con frecuencia son ignoradas o confundidas. Palabras como, calificaciónpersonalización, integración, notas, selección, EvAU, clasificación, certificación, éxito, fracaso, rendimiento, expediente, aprendizaje, rúbricas, profesionalidad y de manera especial alumno. Palabras que merecen ser pronunciada en alto, debatidas y revisadas.    

Evaluar no es un proceso técnico sino ético. La evaluación no es neutra, tampoco lo es la educación, por cierto. No existe algo así como una evaluación objetiva. No podemos despojar a la evaluación, como algunos pretenden, de sus dimensiones éticas, políticas y sociales. “Es una actividad social marcada por valores y no hay nada que se parezca a una evaluación independiente de las culturas; la evaluación no mide objetivamente lo que hay, sino que crea y configura lo que mide: es capaz de componer personas; la evaluación influye directamente en lo que aprendemos y en cómo lo aprendemos y puede limitar o promover el aprendizaje”, sostiene Gordon Stobart en su recomendable Usos y abusos de la evaluación.

La evaluación no sólo mide los resultados, sino que condiciona profundamente lo que se enseña y cómo se enseña y, por tanto, determina qué aprendemos y cómo aprendemos. Hemos visto que la complejidad de la realidad educativa nos invita a alejarnos de procedimientos simplificados y retóricas fáciles. Nos invita a abandonar los instrumentos únicos a favor de métodos diversos, adaptables y sensibles a su complejidad. Nos invita a problematizar cualquier iniciativa de evaluación.

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