El ejercicio de la autoridad en el aula

EJERCICIO DE LA AUTORIDAD DOCENTE EN EL AULA

J. f. FLORES, j. b. ROCHA FILHO, l. f. MARQUES,r. m. Rigo

Universidad Federal de Rio Grande do Sul/UFRGS

jose.flores@ufrgs.br *

Publicado en la Revista HOLOS, Año 34, Vol. 06

DOI: 10.15628/Holos. 2018,4554

Resumen

Este ensayo presenta discusiones teóricas sobre la autoridaddel maestro en el aula. La pregunta quedebe abordarse es cuál es la mejor actitud que debe tomar el maestro ante una situación en la que identifica una acción inapropiada del estudiante en el aula.Se reporta un caso real ocurrido en una clase y se discutió el posicionamientode algunos autores que se ocupan del tema y buscan profundizar en la definicióndel papel de los docentes en el aula. Se concluye que la autoridad del maestro se establece a partir de la forma en que se relaciona con sus estudiantes, sus competencias en el campo del conocimiento y la capacidad de enfrentar situaciones que requieren creatividad y actitud reflexiva

 Introducción





La crisis de la autoridad no es un tema nuevo en las sociedades occidentales. El abuso de autoridad y poder, de manera violenta, tal vez ha generado la conciencia de que la democracia y las relaciones más horizontales serían, posiblemente, formas más armoniosas de vivir colectivamente. La obediencia y la sumisión ya no son un tema central cuando se habla de relaciones profesor-estudiante y padres-niños. Ahora se negocian las relaciones. Un autora emblemática de esta idea es Hannah Arendt que experimentó el abuso de poder cuando fue expulsada de su país (Stolcke, 2002) propone un concepto de poder que implica el consentimiento en lugar de la obediencia o la violencia

En una de las reuniones de postgrado en ciencias de la educación, iniciamos un debate acerca de  la autoridad del profesor en el aula, y se establecieron varias observaciones al respecto. A través de los interrogantes que plantearon en el grupo de posgrado surgieron diferentes reflexiones, culminando en el foco del tema, los límites en el aula La primer pregunta que surgió si¿Puede y debe un profesor imponer límites de comportamiento a sus estudiantes,o, es lograr conveniente que esta autorregulación surja espontáneamente dentro del mismo grupo de alumnos, es decir, que el mismo grupo de estudiantes cree  un ambiente  adecuado para el aprendizaje?  Y esto es lo que comenzamos a trabajar,es decir,cómo se logra que los alumnos a través de la intervención del profesor lleguen a crear un clima de convivencia.Uno de los colegas presentes, presentó la siguiente situación vivida por él. Al regreso del patio de recreo algunos estudiantes trajeron sus golosinas en la mano. Uno de los estudiantes, al entrar en el aula, tiró el papel que traía la golosina. El maestro, que observó lo sucedido, advirtió al estudiante, de manera cordial, que juntara el papel.Él respondió que no necesitaba hacer esto, porque en la escuela había personas alas que le pagaban para llevar a cabo esta tarea. Después del este relato todos estábamos desconcertados por la respuesta del estudiante, y surgieron algunas manifestaciones de indignación dentro del grupo de posgrado. ¿Cómo puede un estudiante dar una respuesta así? Debe haber aprendido esa postura en su casa.¿Los padres no le enseñaron? Si estuviera en mi clase decían algunos, no haría eso, lo habría hecho juntar el papel enese mismo momento.

Estos y otros comentarios surgieron entre los graduados hasta que el profesor tomó la palabra y les planteó cuál sería la mejor actitud para ellos para manejar esta situación de clase- es decir, el gesto má sindicado para que la situación se convierta en un momento de aprendizaje para este estudiante y sus compañeros.Uno de los graduados dijo que él pediría en forma amigable al estudiante que juntara el papel, y le dijera que si todos tenían esta actitud, de arrojar papeles, el espacio se convertiría en una gran papelera y, además, las personas responsables de la limpieza se verían sobrecargados en su trabajo. Otros graduados presentaron más o menos opiniones en esta misma línea de argumentación. El profesor acordó entonces que esto sería una posible manera de resolver la situación, pero que podrían existir otras maneras de resolver el caso, incluso sin que se dijera ninguna palabra.

Comentó que un hecho similar le había sucedido cuando trabajó en los últimos grados de primaria. Al ver que uno de los estudiantes arrojó un papel en el suelo, él caminó tranquilamente al lugar, mientras respondía a una de las pregunta  le había formulado otro estudiante , juntó el papel y lo llevó a la basura, sin interrumpir la clase y continuando las actividades con naturalidad, y sin siquiera mirar al estudiante de una manera crítica. Este simple gesto hizo que el estudiante, y los otros de la misma clase, nunca más tiraran ninguna basura al suelo durante ese año escolar, ya que había una especie de autorregulación en el grupo con respecto a este aspecto de la conducta escolar. Tal resultado se puede explicar desde varias perspectivas, pero contrariamente a lo que puede parecer un gesto humildad,  esto  se relaciona con la autoridad del maestro, pero ¿qué tipo de autoridad sería, y cuál sería la mejor manera de expresarla? 

Todo el grupo de postgrado, profesionales experimentados, nos sorprendimos con la actitud del maestro, y, comenzamos a reflexionar sobre el relato. Nos sentimos desafiados ante una solución inusual e incluso inesperada, pero de un alto grado de potencial educativo que se mostró como una forma mejor de la que hubiera sido llamar la atención al alumno delante de sus compañeros .A partir de ahí comenzamos a reflexionar sobre cuántas veces nos enfrentamos a situaciones desafiantes y nos conformamos con repetir viejas soluciones que aprendemos de experiencias pasadas y otras épocas de la vida, y que no son adecuadas para el contexto actual. Los modelos que nos capacitaron apuntaban a cierto  tipo de actitud , a la que tendemos a recurrir automáticamente,  sin darnos cuenta que los contextos cambian, y que las nuevas generaciones tienen otras características. Algunas de estas reflexiones son las que traemos a continuación. Este artículo es un ensayo teórico sobre el tema de   la enseñanza planteada como resultado de  un debate que surgió en este curso de pos-graduación.

La cuestión de la autoridad del profesor en el aula: conclusiones del trabajo en el grupo de posgrado.

La discusión sobre la autoridad del profesor, debe referirse necesariamente a las preguntas dirigidas a los objetivos de la educación. La autoridad del maestro está vinculada a los procesos de aprendizaje que van más allá de las consideraciones  respecto a su  área de conocimiento. No cabe duda de que las competencias a desarrollar y el acceso a los conocimientos específicos son parte de las actividades docentes y deben estar siempre presentes como elementos de formación (Imbernón, 2011). Cuando se proponen estrategias y objetivos para la educación, se trata  de pensar  en la formación integral del alumno  que es a lo que se apunta en las directrices básicas para la educación nacional.

Educar requiere cuidado; cuidar es educar, involucrar, dar acogida,escuchar, animar, apoyar, en el sentido de desarrollar el aprendizaje del pensamiento y la acción, cuidar de uno mismo, del otro, la escuela, la naturaleza, el agua, el planeta. Educar es, finalmente, enfrentar el desafío de tratar con las personas, es decir, con criaturas tan imprevisibles y diferentes como similares, a lo largo de una existencia inscripta en la red de las relaciones humanas, en este mundo complejo. Educar con cuidado significa aprender a amar sin dependencia, desarrollando la sensibilidad humana en la relación de cada uno consigo mismo, con el otro y con todo lo que existe, con cuidado,ante una situación que requiere cautela en busca de plena formación humana(Brasil, 2013, pág. 18).

Estos aspectos clarifican y ratifican nuestra comprensión de la postura a ser adoptada por el maestro, “una postura mediadora” es decir un instrumento de mediación, donde los derechos y deberes deben ser explicados desde el principio. Como en otras profesiones, el profesor también recibe,  un título reconocido por el Estado que garantiza ciertas prerrogativas, a veces confundidas con la autoridad, pero de hecho su autoridad no proviene de este título. Cuando los estudiantes reciben un profesor desconocido en sus clases, el primer día de clase del período lectivo, este profesor no tiene autoridad sobre estos estudiantes,independientemente del nivel de educación y el tipo de sistema escolar. Les corresponde a ambos crear esta nueva relación, pero teniendo en cuenta que el maestro es responsable de tomar la mayor parte de las iniciativas, incluyendo la”dar el entono” a la relación profesor-estudiante (AQUINO,1996).  Para los estudiantes, los momentos iniciales de la relación educativa son de expectativa, de esperanza de que el maestro no es simplemente otro para ser olvidado. Sin embargo, expectativas similares también son presentadas por algunos profesores frente a una nueva clase de estudiantes. Dada esta doble expectativa, el profesor debe establecer pautas para garantizar la equidad en el aprendizaje.

El maestro que llega a tener autoridad ante sus alumnos es el que sabe, el que sabe de sus potencialidades y límites, el que evalúa permanentemente sus acciones, el que, sabe regresar y disculparse o justificar su equivocación, y el que también sabe que no hay razón para tener miedo (ROCHA FILHO, BASSO; BORGES, 2007). También es quien relaciona los diversos aspectos de la acción docente, viéndolos como un todo, y sabe que su función es llegar a los alumnos para conocerlos y, para ello, necesita considerarlos. En resumen, la autoridad útil de un maestro emana naturalmente de la buena relación con sus estudiantes, convirtiéndose en un modelo y un líder natural, influyendo positivamente en sus estudiantes, en el desarrollo de su propia identidad. Es válida la referencia sobre la importancia del modelo, García (2005), añade que:

Aprender a enseñar es un proceso que comienza a través de la observación de los maestros considerados “buenos maestros” en un periodo de tiempo prolongado. Esto significa trabajar durante un período de tiempo determinado a lo largo del cual el alumno adquiere las competencias prácticas y aprende a funcionar en situaciones reales. (Garcia, 2005, p. 39).

Sin embargo, para cada situación que ocurre en el contexto educativo, el maestro debe evaluar rigurosamente y con sutileza lo que esa situación presenta. Pensando con un sesgo optimista y como una gran apuesta a su actuación en la misma. Debilitarse o renunciar a las dificultades educativas es perder la creencia en el ser humano o incluso interpretar que este ser humano está condenado al fracaso. 

La imagen de lo que es ser un maestro, de lo que hace a un buen maestro, está aliado a las expectativas que la escuela, los padres y la sociedad tienen en acerca de este papel, lo que  imprime ciertas limitaciones y potencialidades en el ambiente escolar. Al educar las consecuencias no se limitan a la posibilidad potencial de imitación de parte de los estudiantes, sino que los conduce a la reflexión sobre sus acciones, ya que el maestro es alguien que tiene poder en el aula.  

En el caso del estudiante que tira el papel en el suelo, llamarle la atención antes sus compañeros difícilmente constituiría una actitud educativa, ya que es probable que el llamado de atención realizado públicamente pueda llevarlo a contenerse simplemente por vergüenza, no por una actitud propia. Y, cuando se siente juzgado por sus compañeros y por el maestro a través de sus palabras, gestos y entonación de voz, el estudiante podría volverse contra su maestro, culpándolo por la vergüenza que sintió. Esta situación genera un proceso inconsciente, y produce complejos que eventualmente van en detrimento del proceso educativo. Sin embargo, al recoger el papel que el estudiante tiró al suelo, el maestro no sólo dio un ejemplo de civilidad, sino que creó en forma sutil condiciones para que el estudiante y sus compañeros lograran hacer una reflexión acerca de sus comportamientos. Especialmente esta actuación del maestro produjo un impacto,  dado que fue una acción inesperada ya que escapaba al rol habitual que el maestro debe jugar. Aquino (1996) señala  que  estos casos,  como el del ejemplo del profesor que recoge el papel, son considerados desde la perspectiva de  una educación como práctica social y como un compromiso político del maestro que asume la postura del maestro como ejemplo,acerca de cómo actuar en situaciones como éstas.

Es un caso típico, en el cual las acciones represivas pueden producir efectos contrarios a los propósitos de la educación. En este sentido, lo corrobora NÓVOA(2011, p. 31) cuando se manifiesta sobre la autoridad en el aula, afirmando que”se conquista a través de un esfuerzo continuado por darnos a respetar,para construir el espacio educativo como lugar de diálogo y de trabajo”.Sin embargo, reconoce que vivimos en tiempos de gran incertidumbre e insatisfacción. No obstante, no se desalienta ante las dificultades, y busca encontrar alternativas para promover los cambios necesarios. Reconoce la fragilidad que el campo educativo tiene que enfrentar, pero cree que estas dificultades nos obligan, como maestros, a un “ejercicio de modestia y humildad

En este complejo universo lleno de constantes cambios, de comportamientos cuestionables, o inaceptables, el acto de enseñanza debe estar impregnado de conocimientos y valores éticos, lo que implica acciones que abarcan todas las dimensiones del ser humano. Tales prerrogativas pueden estimular y despertar en el estudiante un comportamiento coherente hacia él mismo y hacia a todo el universo en el que habita (dentro y fuera del aula), evitando así la necesidad de acciones más radicales o represivas. 

De hecho, la represión es un último recurso, que implica el ejercicio del poder instituido,siendo intrínsecamente ajeno a la educación la que tiene fundamentos cualitativamente diferentes y que incluyen por ejemplo, la empatía, el autoconocimiento, la acogida, la investigación, y la comunicación.

 Volviendo al ejemplo del profesor que levanta el papel del suelo, pensamos ¿Cuál es el objetivo? Ya Arendt (2002) aporta reflexiones sobre la actitud del pensamiento como una acción que nos lleva al diálogo interior, y en consecuencia conduce la apertura al diálogo con los demás. Enfatiza esta filósofa, que la capacidad de pensar nos lleva a juzgar los acontecimientos con los que nos enfrentamos diariamente, desafiándonos con la siguiente pregunta: “¿es posible plantear el problema del bien y del mal, existe nuestra facultad para distinguir lo que es correcto de eso que está mal, y estar conectados con nuestra facultad de pensar? (pág. 6). El pensamiento, en el sentido que Arendt propone, es la capacidad reflexiva de poner en duda nuestras propias convicciones y certezas, desplazándonos desde el centro para considerar la importancia de las acciones y opiniones de los demás.

En este sentido la presencia del maestro como alguien que anima en los estudiantes estos procesos reflexivos, puede llevarlos a descubrimientos sobre sí mismos,percibiendo al otro como verdadero otro de una manera verdaderamente igualitaria, y no como alguien sumiso o inferior. El maestro que  puede lograr utilizar el pensamiento en sus acciones será una referencia para que sus estudiantes también incorporen  esta actitud.

Sin embargo,se sabe que es muy difícil predecir cuál es  la mejor actitud para cada situación que se presente en la rutina escolar, pero la posibilidad de que el ejemplo presentado por el profesor conduzca a una nueva y mejor actitud del estudiante, parece que puede ser la mejor respuesta. En este caso, lo que comenta el profesor confirma la efectividad del gesto: “nunca más ese estudiante tiró el papel en el suelo, sin tener que decirle una sola palabra” y añade:

Cuando llamamos la atención de alguien ante un grupo, todos se sienten afectados: la persona advertida, la que está realizando la advertencia y las personas que están presenciando. La energía consumida en esta acción es enorme, porque lleva a todo el grupo a un estado de tensión y esto no beneficia a nadie, sólo genera ansiedad. En el caso del profesor puede llevar a que al estudiante se defienda sintiéndose acusado, puede hacer que el grupo  se divida en dos partes unos contra el estudiante, y otra parte del grupo puede actuar contra el maestro. Puede inducir al estudiante, ante el  miedo, a dar una respuesta agresiva al maestro y entonces el maestro siente la obligación de manifestar su autoridad levantando la voz o enviando al estudiante fuera de clase. Miren la dimensión que una acción supuestamente educativa puede lograr. ¿Vale la pena asumir este riesgo? Y no estamos hablando hipotéticamente. Esto sucede a menudo en nuestras escuelas.

Es evidente que la actuación del profesor, en este caso,  no es una fórmula universal para resolver situaciones problemáticas en el aula, pero es una indicación para que cada situación que se presente, puede haber actitudes más o menos coherentes con el objetivo educativo, Es decir, realizar el significado principal del gesto pedagógico: conducir, dirigir, inspirar, de una manera atenta y creativa. Sin duda hay muchas respuestas a la pregunta sobre cuál sería la mejor acción para cada contexto creado. La cuestión de los modelos y roles también se refiere al cuestionamiento de las actitudes  ya conocidas en el ámbito escolar para dar respuesta a estas situaciones, que conducen a comportamientos condicionados, siempre indeseables, porque llevan  a dejar de cuestionar sus acciones y reinventar su práctica. Para Meirieu(2005), la misión del maestro no es imponer modelos y verdades, sino guiar a los estudiantes a alcanzarlo. También añade:

Si tratas de imponer esta verdad por la fuerza, despreciando el rigor del procedimiento que lleva a ella, o simplemente ordenándole que se someta a lo que usted dice… el mismo principio de su magisterio desaparece, su verdadera autoridad colapsa. […] Si el maestro entra en una relación de fuerzas, transformará su clase en una “pulseada”[…] (Meirieu, 2005, p. 52).

Es evidente que nuestra intención pedagógica nunca debe ser conducida o idealizada con una simple “ pulseada” con el estudiante. Por el contrario, depende de nosotros eliminar cualquier acto que conduzca a una mayor violencia, evitando demostrar posturas incómodas o desequilibradas, a pesar de las circunstancias, tarea muchas veces ardua en el campo de la pedagogía contemporánea

Ni autoritario ni omiso: el profesor mediador

 La cuestión de la postura autoritaria u omisa también se manifiesta en el currículo, en la elección de contenidos, materiales y metodologías en el aula. Aquí tenemos un concepto de difícil comprensión y aplicación, ya que este entendimiento proviene principalmente de experiencias y reflexiones en un campo en el que las recetas preparadas están condenadas al fracaso, ya que caen rápidamente en desuso. Pero, muchos maestros eligen determinar de antemano, a la manera tradicional, lo que debería funcionar en el aula.

 Cuando el maestro tiene claridad de la amplitud de su función puede estar más cómodo para preguntar a los estudiantes, bajo ciertas circunstancias, lo que les gustaría estudiar. Sin embargo, en este nuevo universo educativo en el que los roles de maestro y estudiante no son tan rígidos, puede suceder que los nuevos estudiantes presenten posturas muy diferenciadas, comportamientos intrépidos y posturas inapropiadas,  como una forma de protesta por estar en una situación en la que no sabe qué es lo que se espera de él. 

Para este contexto diverso, Nóvoa (2011, p. 69) sugiere que “[…] Construir una teoría de la personalidad en el interior de una teoría de la profesionalidad”, es decir, una construcción que también posibilite reconstruir el sentido de una profesión que vive un sentimiento de fragmentación. Está claro que cada profesor, al abrir espacio para que el alumno elija, necesariamente tendrá que definir algunos parámetros, evitando que el estudiante presente sugerencias excesivamente distantes de los objetivos del espacio educativo. Las respuestas de los alumnos mostrarán al maestro un poco de lo que han aprendido en sus vidas, permitiéndole elaborar un plan de acción apoyado por estos conocimientos previos. De esta forma, el maestro podrá buscar teorías, organizar métodos y estrategias capaces de desafiar al estudiante en el acto de inventar caminos para  estudiar una cierta área de conocimiento.Basamos esta afirmación en Morin (2005) cuando dice que:

Una teoría no es conocimiento; Permite el conocimiento. Una teoría no es una llegada; es la posibilidad de partida. Una teoría no es una solución; es la posibilidad de tratar un problema.  En otras palabras,una teoría sólo desempeña su papel cognitivo, sólo cobra vida con el pleno empleo de la actividad mental del sujeto. Es esta intervención del sujeto quien da al término método su papel indispensable (Morin, 2005, p. 335).

Transmitir una teoría a los estudiantes no está generando conocimiento. El aprendizaje es amplio y requiere del conocimiento de las personas involucradas,docentes y estudiantes. La actitud del profesor de conocer a sus alumnos requiere un constante acompañamiento de las actividades de los estudiantes y una orientación permanente, con el fin de orientarlos en las situaciones en  las que pueda cuestionar sus posiciones y su comprensión. De esta forma podrán confrontar sus concepciones para confirmarlas o reconsiderarlas. Este posicionamiento ayudará al estudiante a volver sobre sus concepciones, para reflexionar sobre ellas y construir su  propia comprensión.Sin embargo, vivimos en tiempos en que la paciencia y la tolerancia con los procesos largos, como con el aprendizaje lento y maduro, se están convirtiendo en artículos de lujo.  Tiempo en que valorizar lo instantáneo y lo inmediato es mejor.

Volviendo al caso de este ensayo, podemos ver que el estudiante, al tirar el papel en el piso, proporcionó una oportunidad para que el maestro creara una situación de aprendizaje. Si  el estudiante tenia el convencimiento previo de que hay personas para recoger la basura, y que esto justificaría el hecho de que él tirara los papeles en el piso, la actitud del maestro ha creado en el estudiante la necesidad de repensar su sistema de creencias,  ya que el maestro tampoco tendría porqué recoger el papel, pero lo hizo. El estudiante sabe que el papel no debe estar en el suelo, pero entiende que la recolección no es su función.El profesor, a su vez, captó la creencia del estudiante acerca de esta situación y, en lugar de la amonestación, optó por una acción con la expectativa de que reflexionaría sobre su propia actitud, sin ninguna crítica externa. El maestro puede haber actuado en esta situación conscientemente y deliberadamente, para desafiar al estudiante a desarrollar una nueva forma de percibir la realidad. ¿Por qué el maestro recoge el papel si hay gente para que lo haga?. Esta es una de las preguntas que el maestro esperaba que los estudiantes se hicieran a sí mismos. Otras reflexiones podrían ser: Si el maestro lo hace, ¿por qué no puedo hacerlo? Si todos hicieran lo que yo hacía, ¿el aula estaría completamente sucia? Poner en práctica los interrogatorios de esta naturaleza puede constituir oxígeno para cualquier propuesta de conocimiento, añade Morin (2000).

El profesor sabe que hay personas que realizan la limpieza de la escuela, por lo tanto su gesto también sugiere el reconocimiento de la importancia de estos profesionales que realizan este servicio, aunque también es una tarea de todos y no algo exclusivo de algunos empleados. Por lo general, los estudiantes no notan las personas que trabajan en la limpieza, pero cuando perciben que el maestro expresa afecto y reconocimiento para ellos, también este gesto tendrá un potencial para el aprendizaje. Estas reflexiones también podrían ser exploradas cuando se dan en otro contexto, el hogar de cada uno, el vecindario, la ciudad, el país, el planeta…

El maestro está(o debería estar) mucho más consciente de sus áreas de desconocimiento, así como de su apuesta al proceso de aprendizaje tanto el suyo como el de los estudiantes. Estrictamente hablando, al juntar el papel del suelo, el maestro no está seguro de nada. No sabe cómo reaccionará el estudiante que lo tiró, y no sabe cómo reaccionarán sus compañeros de clase. Tal vez al día siguiente el estudiante repita el mismo gesto. Tal vez el maestro sea objeto de  las bromas de los estudiantes por haber recogido el papel y ponerlo en la basura. Quizás otros estudiantes decidan tirar sus papeles en el piso también para ver la reacción del profesor. Todo depende de quién es ese maestro, y de lo que ese maestro significa para esos estudiantes. Pero, ¿hay alguna posibilidad de que los estudiantes captaran esta actitud y piensen sobre el impacto de sus acciones? El maestro que quiere mostrar  su influencia, debe arriesgarse.Y en el riesgo, el maestro estará aprendiendo y mostrando a los estudiantes su apertura a lo nuevo. ¿Qué sería aprender si no hubiera apertura y curiosidad por lo desconocido? Los maestros estarán aprendiendo más sobre sus estudiantes y sobre él mismo. Podrá luego reflexionar sobre tu propia acción y, si no sucede lo que él esperaba, pensará en una nueva estrategia.

Cuando la intención del maestro está orientada a crear condiciones para que el alumno aprenda, este maestro aprenderá cada vez más profundamente sobre el acto de enseñar y sobre sí mismo, conociéndose mutuamente junto con sus alumnos. Podrá preguntarse ¿ Cuál es mi relación con mis alumnos que hace que no me respeten? ¿Qué actitudes mías han llevado a los estudiantes a comportarse de esta forma? ¿Qué miedos tengo que me impiden establecer una relación de aprendizaje en el aula? El proceso de aprendizaje es múltiple y se produce en varias direcciones.

Otra posibilidad es que el estudiante, cuando se da cuenta de que el maestro se dirige a recoger el papel,  se anticipe,  para tomarlo antes que él y ponerlo en la basura. O incluso una simple mirada del maestro puede ser suficiente para que el estudiante se dé cuenta de sus ideas erróneas. En este caso, de nuevo es el maestro el que más aprende, porque puede percibir qué condiciones crear para la toma de conciencia evitando los extremos de ser autoritario u omiso. El maestro necesita darle tiempo al estudiante para repensar sus convicciones, sus concepciones, o simplemente considerar la posibilidad de que fue simplemente un descuido del estudiante. Esto se aplica igualmente en situaciones de aprendizaje de contenido formal con respecto a su área de conocimiento.

 Los estudiantes se relacionan con el contenido de manera similar a la que se relacionan con su maestro. La vinculación afectiva es un factor fundamental para el aprendizaje. Cada aprendizaje tiene un componente afectivo que lo hace realidad. Debido a que ha establecido una relación de cordialidad con sus alumnos desde el comienzo del año escolar,difícilmente se sentirán ofendidos cuando el maestro, como el del del ejemplo que trabajamos , los invite a reflexionar. Cuando la relación profesor-estudiante se basa en el diálogo, la confianza y la solución democrática de los conflictos, la afectividad se fortalece y la relación de autoridad puede ser ejercida por el respeto y la admiración de los estudiantes. De esta manera, lo que prepondera en los alumnos no es el temor al castigo, sino el temor de perder el respeto de la persona admirada, en este caso del maestro (CARNEIRO, 2015).

Crear vínculos de vinculación y enlaces afectivos es una premisa básica para que los procesos de enseñanza y aprendizaje se produzcan satisfactoriamente. Ganan en calidad y efectividad, es el profesor el que puede establecer este puente entre estudiante y conocimiento. Y este vínculo se establece a partir de una mediación coherente, ofreciendo las herramientas necesarias y los requisitos previos para que ocurra el desarrollo. Otra situación que permite el estrechamiento de los vínculos son las actividades colaborativas.  Estas actividades permiten que cada uno actúe desde sus fortalezas, y estas fortalezas cuándo actúan juntos hacen emerger las capacidades que estaban a menudo todavía ocultas. 

Entre los estudios e investigaciones realizados por Reuven Feuerstein (1921-2014),destacamos aquí extractos que rigen los resultados efectivos que se refieren ala Teoría de la Experiencia de Aprendizaje Mediado. Para el autor mencionado,cuando el aprendizaje está mediado en la rutina escolar, enriquecemos las interacciones, siempre que dicha mediación se base en la creencia de la capacidad del ser humano de modificarse, independientemente del origen, la edad o condición genética.  Comparte esta comprensión de Souza et. Al. (2003, pág. 37), cuando añade que: “la modificabilidad está directamente relacionada con la calidad de la mediación y con los procesos cognitivos y afectivos de una persona. Mediante la mediación, logramos los dos fenómenos más grandes del ser humano: la modificabilidad y la diversidad”. Entre los 12 criterios de mediación elaborados por Feuerstein, los tres primeros, según Tébar 2011, p. 93), son: “intencionalidad, trascendencia y significancia que están presentes en todas las culturas,  y crean modificalidad, flexibilidad, y capacitan para el cambio ” La mediación en este sentido debe ser un proceso intencional que estimula la búsqueda del sentido de lo que se propone,e instiga la deseo de saber más, promoviendo elaboraciones y (re) elaboraciones más profundas y duraderas.

La transposición de los límites por acción

Cuando nos atenemos sólo en la observación de objetos aislados, visualizamos el mundo de una manera estancada, congelado en imágenes estáticas. En la situación de la clase que fue discutida en este artículo, la del papel en el piso, es un momento, y la del papel en la basura es otro. Pero casi siempre nos quedamos cegados por los movimientos. La inteligencia, configurada para dar respuestas correctas y definitivas a  través de la enseñanza meramente transmisiva, tiende a fijarse en los momentos, en los resultados, mientras que la naturaleza del mundo es la acción, la llegada al ser que crea el tiempo. Es por eso que la educación fracasa cuando proyecta metas objetivas u ontológicas, pero tiene éxito cuando se deja llevar por la intuición, el arte, los movimientos, procurando  revelar y valorar los procesos, más que los fines. Reflexionar y centrarse en el proceso en sí mismo o en la forma en que se llevan a cabo nuestras acciones y la de nuestros estudiantes es ser conscientes  acerca de que mientras reflexionamos podemos revisar posturas y formas de hacer  en la acción.En este sentido, lo corrobora  Zeichner(1993), cuando nos dice que:

La reflexión es un proceso que se produce antes y después de la acción y, hasta cierto punto, durante la acción, porque en las prácticas tienen existir conversaciones reflexivas, sobre las situaciones  que se están practicando, encuadrando y resolviendo problemas in situ. (…) Además del saber acerca de la acción que vamos acumulando con el tiempo, cuando pensamos en nuestra enseñanza diaria, también estamos continuamente creando conocimiento(Zeichner, 1993, pág. 19).

Sin embargo,entendemos que la reflexión sola pierde significado si no está acompañada de acción. Es necesario reflexionar y (re) actuar para no ser considerados  que simplemente repiten lo que otros dictan, o simplemente sean participantes pasivos en el proceso educativo.  En este mismo  estilo de reflexión, Donald Schön (2000), basas u trabajo apoyado en los supuestos de John Dewey y se enfoca en los conceptos de conocimiento, acción y reflexión en acción, enfatizando que el aprendizaje ocurre al hacerlo. Para Schön (2000), el conocimiento en acción es el componente que está directamente relacionado con el know-how; es espontáneo,implícito y surge en la acción, siendo entonces un conocimiento tácito. El acto de reflexión sobre la acción nos permite considerar  el acto en si mismo: porque alli estamos viendo, cómo hicimos aquello que estamos explorando, diseñando, ejecutando en un grupo, etc.

Al diseñar una acción educativa, partimos del supuesto de que antes  esta acción se ha idealizada, recordada y posiblemente reescrita algunas veces, con el mismo pensamiento y repetición de acciones iguales.. Estos intentos pueden aproximarse a las ideas educativas de Dewey (1859-1952) cuando dice que existe una profunda relación entre la necesidad de filosofar y la educación. Esta necesidad está íntimamente ligada al campo educativo, al campo de las relaciones humanas que impregnan nuestra vida cotidiana; relaciones que a menudo están marcadas por la intolerancia, la falta de respeto y la agresión.

Hablamos tanto de dar límites, de imponer límites. ¿Por qué no hablar de los trans- ponerlos?.¿Sería correcto decir imponer límites? Pero evitamos esta expresión porque en la época actual la imposición es mal vista. Necesitamos reformular la pregunta:¿deberíamos y podemos imponer límites a alguien? Debido a la naturaleza ambivalente de los seres humanos, en parte racionales y en parte irracionales,capaces de dar bondad y amor, como  así también estar atravesados por el miedo, la envidia y la violencia, entonces la vida social, sin duda, requiere límites. Pero estos límites son dados por las leyes y su aparato institucional. Aquí, estamos discutiendo la educación formal. Estos son los mismos seres, pero vistos desde un aspecto muy particular de la vida. De esta manera, sería mejor ser aún más específicos: ¿puede y debe un maestro establecer límites de acción a sus estudiantes?

Bajo una concepción fundada en sentido común tal vez dijimos que el estudiante que tiró el papel en el suelo necesitaba  límites o que sus padres no le ponían límites. Por supuesto que hay límites y que estos límites se relacionan fundamentalmente con el respeto mutuo en la relación con el otro o con otros, en el sentido más amplio. Los límites son naturalmente flexibles, porque dependen de las personas, los tiempos y las situaciones, e incluso la ética necesita ser interpretada.  Si miramos el caso en cuestión, y partimos de la suposición de que el estudiante necesitaba límites, y que ese es el papel del maestro, esto podría llevarnos a una actitud represiva, materializada, por ejemplo, en que el estudiante recoja el papel del piso y , si se niega , remitirlo al sector disciplinario de la escuela y a todas las demás consecuencias del régimen de la institución . Este proceso represivo puede incluso resultar en un aprendizaje, pero difícilmente sería el tipo de aprendizaje que idealmente desea el maestro. Es más probable que el estudiante aprenda que no debe dejar que lo vean cometiendo violaciones de las reglas de la escuela, que su maestro lo valora menos que la limpieza del suelo y el cumplimiento de las normas, y que su maestro  además es capaz de ejercer su poder instituido humillándolo ante sus compañeros y reportarlo además a otras instancias escolares. Sin duda, habría una carga del aprendizaje por su gran implicancia afectiva..

Pero, ¿es este aprendizaje que queremos? ¿Eso es educar? Además, ¿qué aprendió el profesor de esto? ¿Qué creatividad ha utilizado para resolver esta situación? ¿Estaría ahora el maestro más capacitado para lidiar con situaciones similares que seguramente ocurrirán en el futuro? ¿Este maestro desempeñará mejor su tarea educativa? ¿Estará satisfecho de contribuir a la exclusión de una persona del sistema educativo? ¿Qué pasa cuando el estudiante  vuelve al aula después de un corto intervalo de tiempo, como suele suceder, con el deseo consciente o inconsciente de dañar a su maestro de cualquier manera en que pueda? ¿Cómo puede ser esto  beneficioso para el maestro o para la educación?

Si el estudiante era muy joven y susceptible, o muy tímido, por ejemplo, también podría ocurrir que nunca más tirara papel en el suelo sólo por temor a recibir castigo. En este caso no habría tampoco aprendizaje, porque no se toma conciencia de lo sucedido, lo corrobora Westbrook (2010, p. 57) cuando argumenta que se aprende por “reconstrucción consciente de la experiencia,es decir, experiencias pasadas afectan la experiencia presente y ayudan para todas las que  ocurran en la futuro”, porque uno sólo aprende lo que se practica. Y, es en las situaciones de la vida real donde tenemos que demostrar rasgos de carácter,  y son estos rasgos  los que pueden conducir a prácticas recurrentes,  o, consecuentemente causar nuevos aprendizajes.

 La cuestión de la autoridad

 Reflexionar sobre el concepto de autoridad y cómo debe  se ejercida, nos lleva  a pensar sobre ser social e individual de la persona. La autoridad, además de la idea de jerarquía, está relacionada con la actitud de respeto por el otro. Y cuando el maestro se propone analizar sus funciones y responsabilidades,  acaba por realizar un diálogo interno que lo lleva por el camino del autoconocimiento (Arendt, 2002).

 Este proceso reflexivo implica poner en duda sus suposiciones, creencias y certezas. Esta actitud lo conducirá a, que  gradualmente,  identifique por si mismo las acciones que realiza automáticamente, sin reflexión. Al actuar irreflexivamente asume sólo una forma de ser y estar en el mundo que se incorporó ideológicamente, sin el uso del pensamiento (Arendt, 2002). Imbernón (2011) subraya que el maestro que no realiza un movimiento para analizarse acepta la falsa premisa de que […]es una profesión incapaz de crear conocimientos profesionales, que se limita a reproducir la cultura y el conocimiento que otros cultivaron y desarrollaron(p. 117). 

 La formación de sus propia comprensión no se constituye a través de una actitud individual y solitaria. La superación de concepciones dogmáticas y actitudes prefabricadas se produce por la percepción de sí mismo como ser social, cultural, histórico y psicológico. Todo el aprendizaje es cooperativo, interactivo e integrativo. Con este sesgo en la educación docente, varios autores han sugerido la investigación como un principio formativo (HERNÁNDEZ, 1998; DEMO, 2002; Imbernón,2011). El modelo de investigación en la formación presupone la capacidad de formular preguntas válidas sobre la práctica misma.  A partir de ahí, elaborar de manera colaborativa y creativa, objetivos que pueden aportar nuevas comprensiones sobre estas cuestiones.

 Para estos movimientos podrá percibir que la autoridad requerida en la educación surge, de un maestro que adquiere confianza en sí mismo, que construye una visión positiva de sí mismo, al mismo tiempo que es responsable de su área de conocimiento.Por lo tanto, debe permanentemente cuestionarse los conceptos y los modos en que este conocimiento se constituyó como un patrimonio de la humanidad. 

La autoridad docente no significa poder de control y supervisión para mantener al estudiante tranquilo y concentrado. Requiere profundidad en el conocimiento que presenta a los estudiantes como desafíos. También exige una seguridad sobre los motivos y objetivos que lo llevaron a dedicarse a esta profesión

. Por lo tanto, las acciones en conjunto , los intercambios y las dudas, la participación de todas las instancias de la institución se convierten en  un factor definitivo para la relación afectiva y el respeto del maestro con sus alumnos. Como afirma Imbernón

Cuando los maestros trabajan juntos, cada uno puede aprender uno del otro Esto les lleva a compartir evidencias e información en busca de soluciones. A partir de aquí los problemas importantes de las escuelas comienzan a ser enfrentados con la colaboración de todos, aumentando las expectativas que favorecen a los estudiantes y permitiendo a los docentes reflexionar solos o con sus colegas sobre los problemas que les afectan. (Imbernón, 2011 p. 82)

 Tales consideraciones indican posibilidades de construcción de profesores que realizan la autoría de su propia profesión y son capaces de evaluar sus acciones percibiendo a sus alumnos como sujetos que serán autores de su propia historia.

A modo de conclusión

De lo anterior discutido y de los autores presentados, percibimos que lo que desencadena el aprendizaje es la afectividad, y es la que despierta el deseo de conocer y prepara el ambiente para la curiosidad. Por lo tanto, si al estudiante le gusta el profesor es muy probable que también le guste la disciplina que el enseña, y estará más interesado en el estudio de los contenidos propuestos. Si el maestro no establece una relación de respeto y afecto con sus alumnos desde los aspectos más sencillos de la vida cotidiana,combinando las reglas de convivencia, difícilmente colaborará para despertar la motivación de los estudiantes para sus propuestas de estudio.

La acción del maestro en clase y fuera de ella es parte de un todo, que caracteriza a la personalidad del maestro y que los alumnos perciben con claridad, incluso  aunque no consigan verbalizarlo. Comprenden la autoridad del maestro como consecuencia de diferentes capacidades, incluyendo principalmente su empatía, el dominio de su área de estudio, la preparación de clases, la seguridad emocional con la que se manifiesta, y hasta qué grado sus actitudes pueden servirle como ejemplo de conducta. 

Aspirar a que este conjunto de preceptos se pueda lograr plenamente en todo momento suena como una utopía, pero  que sería de los sueños si al menos una vez u otra no pudiéramos trabajar exhaustivamente en ellos para convertirlos en realidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.