Respeto y procesos civilizatorios. Imbricación socio-psíquica de las emociones Carina V. Kaplan ; Verónica S. Silva

Respeto y procesos civilizatorios. Imbricación socio-psíquica de las emociones

Carina V. KAPLAN ; Verónica S. SILVA ;
Praxis Educativa (Arg) 2016, 20 (1)
Hemos realizado una transcripción resumida del artículo Para descargarlo ir a http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=153146047003
En este trabajo, explica la autora,  presentamos una serie de aproximaciones teóricas acerca del fenómeno del respeto en su dimensión socio-psíquica a los fines de alcanzar una compresión profunda de la estructura afectiva que los jóvenes construyen en la vida escolar. En las sociedades capitalistas el respeto es un bien preciado ya que las mismas ejercen a través del miedo a la exclusión y a la falta de prestigio un modo de control social y a su vez esto determina que los sujetos se autorregulen en el autocontrol de las emociones, para no quedar fuera del sistema. Veremos cómo juega esta solapada forma de influir en el comportamiento  psicosocial en las vinculaciones que se determina a través del contexto histórico social.
Introducción
Las diversas maneras de ser o de sentirse estudiante se vinculan con las propias condiciones de existencia: el origen social, los vínculos con la familia, los compromisos económicos, la relación con la cultura y la función simbólica conferida a su actividad (Bourdieu)citado por la autora.
Sabemos, dice Kaplan que la sanción de la ley de Educación Nacional 26.206 del año 2006, trae aparejados nuevos desafíos en cuando a la necesidad cambiar el paradigma para los que estaban excluidos ingreses a la escuela secundaria, sabemos bien, dice, que estos sectores sociales han sido históricamente nominados y figurados como “ bárbaros”, “ ineducables” “ “incivilizados”
El ser estudiante, dice la autora, coloca a los jóvenes en una posición específica en la estructura social; privilegiada en comparación con aquellos que no tienen las oportunidades o recursos para estudiar en la escuela secundaria. Es preciso romper con una idea homogénea y unitaria de la condición estudiantil, la situación de estudiante no presupone uniformidad de las condiciones materiales y simbólicas de vida. Al mismo tiempo, las identidades estudiantiles varían en función de los contextos y épocas. Preferimos referirnos, entonces, a los y las estudiantes en plural.
Hemos consolidado, refiere Kaplan, una línea de investigación que analiza las relaciones entre escuela y violencias desde la perspectiva de los jóvenes estudiantes haciendo foco en la dimensión simbólico-subjetiva de lo social. En particular, interpretando los procesos de estigmatización e inferiorización que mediatizan los vínculos en la cotidianeidad escolar (Kaplan, 2013).
En las investigaciones efectuadas, comenta la autora, el respeto se presenta como el eje central que dirime la pertenencia y las exclusiones. De los testimonios recogidos, agrega, surge que el respeto es el eje de articulación para la construcción de subjetividades y la creación de lazos sociales. Y afirma que la amenaza de ser excluido es lo que opera como un mecanismo eficaz para la reproducción y producción de los (auto) límites simbólicos (Kaplan, 2013).  Siguiendo de cerca a Illouz, la autora agrega que “sin duda la emoción es un elemento psicológico, pero es en mayor medida un elemento cultural y social” (2007: 16).
En este artículo, explica la autora, nos proponemos elaborar una serie de conceptualizaciones teóricas acerca del fenómeno del respeto en su dimensión socio-psíquica. Para tal fin, recuperamos principalmente los desarrollos de la sociología figuracional de Norbert Elias (1987) quien propone una comprensión de largo plazo de las transformaciones de la estructura emotiva en el marco de los procesos civilizatorios
Imbricación socio-psíquica de las emociones
Para una comprensión integral de los fenómenos sociales resulta imprescindible la incorporación de la experiencia afectiva en el análisis de los intercambios e interacciones que mantienen los actores sociales (de Gualejac, 2008; Illouz, 2007; Bericat Alastuey, 2000).
Lo social y el psiquismo, dice Kaplan, se imbrican de manera permanente e indisociable; de allí que los comportamientos de los sujetos tengan una raigambre socio-psíquica (de Gualejac, 2008).Los rasgos emotivos de los sujetos tienen una génesis y una historia que es social, por tanto, resulta imperioso considerar las transformaciones psíquicas e impulsivas en sus relaciones dialécticas con las transformaciones sociales. Cada época y contexto cultural desarrolla una jerarquización de las emociones-
La tesis central de Elias,  es que, a partir del aumento de las cadenas de interdependencia y la paulatina y progresiva centralización de las formas de organización social, más específicamente, con la constitución de los Estados modernos al centralizarse el monopolio de la violencia física, se produce la pacificación de las relaciones humanas al interior de las sociedades.
Para Elias (1987) uno de los rasgos más predominantes del proceso civilizatorio está vinculado a la posibilidad o imposibilidad del sujeto de reprimir sus impulsos destructivos frente a los otros. La civilización hace referencia a la pacificación de la conducta, vale decir, se reprimen los arrebatos de violencia física sobre otros, la impulsividad se reemplaza por un intenso y arduo mecanismo de postergación de la satisfacción de los impulsos. El planteo central del autor es que esta pacificación de la conducta tiene o puede tener lugar gracias a la interrelación del entramado social que se encuentra organizado en base al monopolio de la violencia física por parte del Estado.
El comportamiento estará sometido entonces a cadenas de pensamiento (estrategias- cálculos) antes de externalizarse por medio de acciones impulsivas. Esta operación es denominada por el autor como proceso civilizatorio, es decir, el progresivo pasaje hacia un mayor refinamiento de las emociones, una mayor racionalización del pensamiento y la postergación de la satisfacción inmediata de los impulsos, lo cual trae aparejado un mayor autocontrol de los individuos.
El respeto en clave socio-psíquica
 La autora  explica que en lo concerniente a la génesis de los fenómenos psíquicos, y tomando los aportes de Freud, Elias (1987,1999) desarrolla las herramientas conceptuales que favorecen la comprensión de los fundamentos histórico-sociales de la estructuración psíquica de los seres humanos. Para el autor, la modelación de la vida instintiva, incluso de las figuras coactivas que hay en ella, son el emergente de las interrelaciones e interdependencias sociales que caracterizan a la vida de los seres humanos.
 Elias,  dice Kaplan, se nutre de los desarrollos de Freud en lo referido al control y autocontrol de las pasiones y las pulsiones y las fluidas relaciones entre los procesos individuales y sociales. No obstante, la originalidad del sociólogo alemán consiste justamente en demostrar la vinculación entre estos fenómenos psíquicos y los procesos sociales “las relaciones entre la orientación impulsiva, la orientación del yo y el super yo de cada individuo concreto se modifican en conjunto a lo largo del proceso civilizatorio” (Zabludosky, 1999:158).
Uno de los puntos de contacto más importantes de la teoría figuracional elisiana con la teória freudiana es la conceptualización acerca de cómo la cultura moldea, dulcifica, aquellas tendencias agresivas en los seres humanos, a través de una ardua imposición de renuncia pulsional. Como señala Freud:
el término cultura designa la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí (1999:83)
El aporte específico que realiza Elias a la teoría propuesta por Freud es la de pensar en clave histórica estos cambios ya que los modos de regulación social no tuvieron lugar de una vez y para siempre, sino que sufrieron transformaciones paulatinas.
 Por último la autora dice, nos afirmamos en la idea de que las expresiones de respeto o consideración hacia el otro tienen una estrecha relación con el proceso de pacificación social y con la internalización en el psiquismo de las leyes que regulan la trama vincular en sociedad.
Respeto y proceso civilizatorio
Para nuestros propósitos, la autora destaca un aporte que considera clave del trabajo de Elias (1987): los nexos que establece entre el proceso civilizatorio y las transformaciones en las prácticas sociales que tendrán como característica central la pacificación de los vínculos interpersonales. Las configuraciones sociales, las cadenas de interdependencia en las que se encuentran los sujetos, van moldeando aquellos sentimientos y prácticas deseables o indeseables. Hay emociones que es legítimo sentir y exteriorizar y otras que no gozan de esa legitimidad social
Ya no será el golpe ni la amenaza directa hacia el otro lo que garantizará el mantenimiento del estatus o el prestigio (como lo era el ejercicio de la violencia física que ejercía la clase alta guerrera de la sociedad medieval) sino que la lucha por el prestigio se encarnará en ciertas formas civilizada“
El miedo a la pérdida o, incluso, a la disminución del prestigio social es uno de los motores más poderosos del cambio de las coacciones externas en autocoacciones” (Elias, 1987:480). El miedo es un modelador fuerte de la conducta del individuo. Pero cabe aquí una aclaración, no se trata cualquier miedo, sino del miedo vinculado a la pérdida de prestigio y de estima social, éste se yergue como un regulador del comportamiento y como mecanismo eficaz de control y auto-control de las emociones del comportamiento.
Cultura afectiva moderna y demandas de respeto
Cabe detenernos ahora, refiere Kaplan, en los procesos sociales contemporáneos que nos permitan esbozar las características principales de nuestra configuración emotiva actual. Con el advenimiento de la modernidad se produce una ruptura fundamental: la progresiva sensación subjetiva de separación del yo con respecto a los demás.
Desde una perspectiva de la sociología de la cultura, Illouz (2007) plantea que durante el siglo XX el yo interior privado se pone en primer plano adquiriendo representación pública; este yo se encuentra ligado a los discursos y valores de la esfera económica y política. La autora denomina a este fenómeno como capitalismo emocional:
Una cultura en la que las prácticas y los discursos emocionales y económicos se configuran mutuamente y producen (…) un amplio movimiento en el que el afecto se convierte en un aspecto esencial del comportamiento económico y en el que la vida emocional (…) sigue la lógica del intercambio y de las relaciones económicas (Illouz, 2007:2
Desde la perspectiva de la sociología de la individuación, Martuccelli considera que la demanda de reconocimiento, se encuentra vinculada a la disolución de “cierto orden social vinculado a la jerarquía y al honor así como una nueva identidad mas individualizada y diferenciada” (2007:247). El autor retoma los desarrollos de Hegel acerca de la dialéctica del Amo y el Esclavo en lo referido a que la autoconciencia del hombre depende pura y exclusivamente de la experiencia de reconocimiento social. Dicha experiencia es de carácter intersubjetivo e implica una lucha por la reivindicación de la identidad de los individuos que sólo se actualiza gracias a la mirada del otro (Martuccelli, 2007). Esta necesidad de reconocimiento continuo se vincula con el carácter performativo que adquiere la valoración social en la modernidad (Illouz, 2014). De allí la alta significación que poseen las auto- imágenes que elaboramos a lo largo de nuestra existencia social a partir de la mirada de los otros. “La fabricación cultural de emociones y sentimientos ligados a la valía social nos constituye en nuestro proceso de subjetivación” (Kaplan, 2013:47).
La cuestión del respeto entre los jóvenes estudiantes
Como señala Sennett (1982), explica la autora, mediante las emociones las personas expresan el significado moral y humano de las instituciones que habitan. Hasta aquí. Explica, hemos intentado rastrear los bordes, los contornos, las modalidades de expresión de respeto a la luz del proceso civilizatorio. Ahora intentaremos dar cuenta de algunas particularidades que asumen las manifestaciones de respeto o faltas de respeto entre los jóvenes estudiantes, en tanto expresan un determinado “vínculo emocional” (Sennett, 1982:11).
Para tal fin, nos explica, nos centraremos en la mirada, este ha sido un aspecto que surgió de manera recurrente en los trabajos de investigación que desarrolla el equipo (Kaplan, Krotsch, y Orce, 2012). La mirada se establece en muchas situaciones como un canal de comunicación privilegiado en las interacciones cotidianas de los estudiantes. Como señala claramente un alumno:
He tenido así, choques así con, con personas porque yo soy de mirar siempre. Estoy mirando todo el tiempo, así. Estoy observando a mí alrededor siempre. Y “qué es lo que me mirás”, “qué es lo que me mirás”, así me dicen…. (Entrevista individual Danilo)
En el caso de los jóvenes estudiantes, las miradas suelen ser interpretadas como juicios de valor hacia la propia persona (hacia sus gustos estéticos, sus estilos de vestimenta, etc.); como ofensas y ultrajes de aquello que consideran que les pertenece e inclusive como invitaciones explícitas a peleas o enfrentamientos físicos.
E: ¿Y por qué se pelean entre chicas?
Alejandra: Y… puede ser por muchas cosas. Porque la miró…porque le miró el novio… Brenda: O le miró la ropa… o estaba vestida muy careta la otra…
 E: Hasta ahí, la única que me queda clara es la explicación del novio. ¿Qué significa “la miró”? ¿Qué es que te miren?
Alejandra: Pasan y te miran… como medio de costado. Y vos tenés que reaccionar. A la salida te agarrás.
E: ¿Y por qué te miran medio de costado? ¿Qué tenés?
Brenda Capaz que nada…o sí… estás vestidita re-linda…o re-guarra…te miran, no importa. Es una mirada para pelear (Entrevista grupal Brenda y Alejandra)
E: ¿El tema de rebajarse con la mirada o pelearse porque te miró pasa?
Vanina: Si esas cosas pasan todos los días pasan…
E:¿Como es rebajar con la mirada?
Yamila. O sea, te miran punta a punta
E:¿Haber por ejemplo? Vos estas ahí parada y yo te miro mal… como seria
Yamila: Me miras de los pies a la cabeza [La estudiante se para y empieza a caminar por el aula con gesticulaciones de desfile de pasarela]
 E: ¿O sea que rebajar es hacer esto? [La entrevistadora realiza la gesticulación de alguien que mira de reojo desde los pies a la cabeza de la estudiante]
 Vanina: Si, si (…)
Yamila: y de ahí nos agarramos a la salida, que vos me rebajas a mí, no yo no te rebajé, vos me rebajaste primero y ahí se empiezan a empujar, se chocan…y así (Entrevista grupal, Vanina y Yamila)
Cuando leemos estos fragmentos de entrevista, dice Kaplan, no podemos menos que imaginar un caleidoscopio de situaciones variadas que enfrenta a los estudiantes a tener que “probarse” ante los demás para salvaguardar la estima propia. La posibilidad de decodificar las miradas de los demás, hacerles frente o dejar pasarlas, son situaciones que los coloca en escenarios complejos. Esta sensibilidad ante la mirada del otro da cuenta de la fragilidad con la que construyen su estima.
Consideramos que la mirada inferiorizante, y las reacciones que despierta en quiénes son sus destinatarios, es un ejemplo paradigmático de las variadas ocasiones en que el otro es percibido como una amenaza del frágil lugar que ocupamos en la sociedad. Donde el temor a quedar excluido (Kaplan, 2013) opera como mecanismo eficaz de gestión de las emociones. Como señala Le Breton (2010) la mirada social tiene la capacidad de formular juicios de valor porque “(…) se dirige a las raíces simbólicas de un sentimiento de identidad que debe contar con el acuerdo de los otros” (Le Breton: 2010: 135). Estas miradas son decodificadas como faltas de respeto, que ponen en peligro la existencia individual y social. “Con la falta de respeto no se insulta a otra persona, pero tampoco se le concede reconocimiento; simplemente no se la ve como un ser humano integral cuya presencia importa” (Sennett 2003: 19).
A modo de conclusión:
Siguiendo las reflexiones de Sennett (2003) cuando la sociedad coloca sólo a unos pocos como dignos de respeto, la consecuencia es que este se constituya en bien simbólico de muy endeble construcción para las mayorías. El sentirse respetado o, su contracara, sentirse tratado con falta de respeto, da cuenta de una dinámica social contradictoria de atribución de valor-disvalor a partir de la cual los sujetos producen imágenes y autoimágenes y generan, de modo inconsciente, un “cálculo simbólico” acerca de sus potencialidades y limitaciones (Kaplan,2009). Volviendo al inicio de nuestro trabajo, es indudable que en las relaciones humanas de nuestro tiempo predominan temores y miedos ligados a los sentimientos de humillación, vergüenza y exclusión, en donde la valía social se fabrica sobre frágiles cimientos. Se torna necesaria una comprensión profunda de los territorios simbólicos de “las emociones en las que se refleja la vulnerabilidad del yo bajo las condiciones de la modernidad, vulnerabilidad que es institucional y emocional” (Illiouz, 2014:27).
El presente artículo. afirma la autora,ofrece un marco explicativo novedoso al recuperar el fenómeno del respeto en su dimensión socio-psíquica, lo cual invita a agudizar la mirada en torno a las demandas de estima y reconocimiento que los estudiantes elaboran en la escuela secundaria. Esperamos también, pueda ser una herramienta útil a la hora de pensar intervenciones pedagógicas y socioeducativas que promuevan otros modos de mirarse y de valorarse, frente a discursos hegemónicos estigmatizantes sobre las juventudes que excluyen o colocan a unos pocos como dignos de respeto.

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